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La masacre de Caracas

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La masacre de Caracas, que conmovió al mundo entre el 11 y 14 de abril, fue la acción desesperada de Chávez para tratar de detener a cerca de un millón de ciudadanos que pacíficamente desfilaban hacia el Palacio de Miraflores, exigiendo su renuncia. Chávez, acorralado, ordenó disolver la manifestación a tiros.

Decenas de videoaficionados, además de los profesionales de la prensa y la televisión, captaron centenares de imágenes de la matanza. Y también se grabaron y se difundieron las comunicaciones militares, en donde la propia voz de Chávez impartía las órdenes. Varios de los altos jefes de las fuerzas armadas desobedecieron las instrucciones del presidente y el plan para liquidar a los manifestantes se aplicó sólo parcialmente.

Las hordas armadas llamadas Círculos Bolivarianos, copia de los Comités de Defensa que atemorizan a los barrios de La Habana, se encargaron de disparar contra el pueblo. Francotiradores del régimen hicieron fuego desde azoteas, edificios y puentes contra hombres, mujeres y niños.

La masacre de Caracas debe ser investigada por la justicia internacional, pero la autocracia chavista ha inventado la llamada ‘Comisión de la Verdad’, integrada por una mayoría de parlamentarios del gobierno. Los representantes de la sociedad civil, entre ellos la Iglesia Católica y las universidades, han sido designados para brindarle cierto disfraz de legitimidad.

Este es el parapeto inventado por Chávez para dar al mundo la impresión que ha comenzado en Caracas un juicio transparente. Veinte jerarcas del régimen, periodistas independientes y amigos del régimen serán llamados a declarar. Incluso el propio presidente Chávez. Pero la Comisión de la Verdad ha tenido el buen cuidado de no fijar como punto central del procedimiento una investigación por parte de la policía científica nacional e internacional de los asesinatos perpetrados.

Ese debería ser el objetivo fundamental, como se ha hecho a lo largo de la historia moderna, para así determinar responsabilidades individuales de cada participante en atrocidades similares.

Pero esta comisión de la mentira, designada a dedo por Chávez, pretende ocultar al mundo lo que reclama la justicia del pueblo venezolano: un procedimiento que investigue la responsabilidad del Presidente de Venezuela y de sus secuaces por los asesinatos cometidos contra manifestantes pacíficos que marchaban por las calles de la capital el 11 de abril.

Existen videos que muestran claramente las caras de los francotiradores. Muchos han sido ya identificados. Hay grabaciones de la voz del Chávez dando las órdenes. Hay testimonios de altos oficiales que se negaron a cumplir las órdenes presidenciales. Pero ahora el gobierno de Venezuela pretende esconder esos asesinatos y hacer una ‘amplia investigación’ sobre todas las incidencias de un supuesto golpe militar que en realidad no fue golpe.

Un procedimiento de esta naturaleza tendría que contar con la participación de personalidades internacionales de impecable integridad e imparcialidad. En su ausencia, la comisión de la mentira no logrará engañar a nadie. Será un nuevo capítulo de la ‘guerra sucia informativa’ dirigida desde el Palacio de Miraflores y que ha encontrado eco en CNN y la revista Newsweek.

Otro objetivo de esta opereta disfrazada de proceso es impedir la inhabilitación política de Chávez. Entre los planes contingentes del presidente venezolano figura una posible retirada estratégica, para aliviar la inmensa crisis que vive el país. Así, oficialmente deja el poder, aunque seguiría mandando detrás del trono, mientras el recién designado vicepresidente José Vicente Rangel ocupe la primera magistratura.

Si fuera preciso renunciar ‘en sacrificio de la conciliación nacional’, pronto se convocarían nuevas elecciones, donde el comandante Chávez espera participar con todo atado, muy bien atado para ganar. En todo esto vemos el profundo desprecio que el presidente siente por el pueblo venezolano. Pero allí, justamente, es donde se equivoca y donde la asesoría de Fidel Castro falla.

© AIPE

Armando Frontado es analista político venezolano.

Este artículo, junto a otros artículos de Martín Krause o Carlos Sabino se publican en La Revista de América de Libertad Digital. Si desea leer más, pulse AQUÍ

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