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Un pacto con el diablo

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Caracas. En una acción sin precedentes en América Latina, el presidente de Venezuela Hugo Chávez selló su suerte política y la de su país con un escenario y una situación totalmente ajena a la realidad del hemisferio occidental.

El comandante Chávez acaba de vender su progenitura por un plato de lentejas. Por vanidad y afán de reconocimiento se ha convertido en factor de poder básico en el complicado y diabólico mundo de la OPEP. El propósito de Chávez quedó claro. No se trata de vender petróleo sino de solidarizarse ideológicamente con los conflictivos y poco democráticos países de la OPEP, que pese a los chorros de dinero que reciben continúan siendo totalitarios y subdesarrollados. Chávez y su equipo han retrocedido voluntariamente por “el túnel del tiempo”. Igual que Sadam Hussein y Muammar Gaddafi, Chávez pide un nuevo Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas y reclama la eliminación del poder de veto de las grandes potencias que aplastaron al nazi-fascismo en la Segunda Guerra mundial.

Chávez quiere un mundo en donde Hussein, Gadafi, Fidel Castro y él mismo puedan imponer al resto del mundo sus recetas totalitarias. El caudillo venezolano se cansó -deportivamente hablando- de estar en la categoría boxística de los plumas o de los welter, quiere ser peso pesado, sin contar con la marca mínima para ello. Es absurdo que quien no puede solucionar los problemas de la inseguridad personal y de los niños desamparados en las calles de Caracas o del abastecimiento de agua potable quiera transformarse en árbitro de las Naciones Unidas.

Chávez, con el espejismo de la OPEP, ha metido a Venezuela en el saco de los pobres con plata, quienes son los peores pobres, pues por no tener norte van sin brújula de un lado a otro, dando tumbos por un campo de miseria medieval.

Chávez se une al subdesarrollo simbolizado por la OPEP, conformado por gobiernos dictatoriales que viven atados a preceptos religiosos no occidentales. Sin ánimo discriminatorio, es bueno recordar que Venezuela es el único país no musulmán que pertenece a la OPEP.

Chávez ha colocado todos los huevos en una sola cesta, pero la cesta no es suya. La OPEP tampoco controla la política mundial del petróleo, como ahora se empeñan muchos en hacer creer y Chávez no controla a la OPEP. Cuando el presidente venezolano pasó a ser factor político dentro de la OPEP se metió en el infierno y pactó con el Diablo, sin preguntarle siquiera al demonio cuánto le va a quedar en el negocio.

Pero en donde Hugo Chávez muestra su infantilismo, falta de sentido del ridículo o simple ignorancia es al discutir el derecho al veto de las grandes potencias en el Consejo de Seguridad y dice que la victoria aliada en la Segunda Guerra no le da derecho a ningún país a asumir la responsabilidad de la paz mundial, que es lo que garantiza el veto. Según las palabras de Chávez, transmitidas a todo el planeta por los medios de comunicación, “Bolívar también ganó la guerra y eso también nos concedería derecho al veto”. Esto es para avergonzar no sólo a cualquier venezolano sino a cualquier latinoamericano medianamente culto.

Venezuela debe salirse de OPEP y convertirse en el arsenal petrolero del mundo occidental. OPEP tiene el 40% de la producción mundial del petróleo, ¿por qué el otro 60% no está allí?

Venezuela debe aprender a convivir con los países ricos. Los políticos venezolanos deben dedicarse a garantizar la seguridad nacional, la seguridad personal, la seguridad jurídica y el respeto a los derechos de propiedad, dejándonos a los ciudadanos en libertad para trabajar, crear y ahorrar, cosas en las que los políticos han demostrado su total fracaso.

© AIPE
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El venezolano Armando Frontado es analista político.

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