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Boadella, y marketing electoral

Mejor les iría a los de Arriola aprender del marketing electoral del emergente partido. Venden más las realidades racionales que las "realidades nacionales" andaluzas y similares. Y por encima de todo lo que vende es España.

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Los resultados de los Ciudadanos o Ciutadans de Boadella en las elecciones catalanas pasarán a los manuales de marketing político. Son tres los diputados obtenidos pese al apagón informativo de prensa y televisión, a la hostilidad generalizada –un tácito Tinell– y a estar en "cueros económicos". Carentes además de militantes, organización y tiempo para prepararse.

Su éxito no fue, sin embargo, casual. Han aprovechado un vacío o "hueco de mercado" dejado por los partidos dominantes en algo tan esencial como la defensa de la nación única española, y su modo de expresión oficial y común, el castellano. Lo han defendido valientemente y no de modo vergonzante, lo que les ha costado ser calificados como "traidores a la nación catalana" y otros ataques e improperios.

Sorprende que sea el PP su principal crítico, y no el PSOE que ha sido y será la víctima propiciatoria de Ciutadans en las elecciones de mayo. O de marzo si es que Zapatero las anticipa visto lo mucho que le llueve por la deserción de Montilla y el fallido proceso de paz. Mejor les iría a los de Arriola aprender del marketing electoral del emergente partido. Venden más las realidades racionales que las "realidades nacionales" andaluzas y similares. Y por encima de todo lo que vende es España.

Imputan a Ciutadans "falta de ideología" en incoherencia con aquellos colegas que les clasifican de "izquierda moderada". Como si desconocieran la caída del muro de Berlín y el reinado del "cosismo". Aquí, lo que importa, es poseer cosas. Una mitad de electores vota socialismo ignorando peso y contenido; sólo porque lo votaron padres y abuelos. Si acaso la corta ideología de sus dirigentes es el "buenismo"; ese catálogo de tolerancias sin contenido con el que despachan cualquier grave asunto. Como la alianza de civilizaciones. O la fruslería de Zapatero en la cumbre de Montevideo en la que minusvaloraba a los muertos del terrorismo comparándolos con los causados por catástrofes naturales como si estuviera en su mano evitar estos últimos.

Descontando a los republicanos de ERC en el Llobregat y a la más raquítica izquierda –unida o verde– lo que resta es la llamada derecha. También con escasa ideología, tanto que los comentaristas les agrupan electoralmente como "no izquierdistas" a los que hasta ahora ha sido capaz de atraer el PP.

Se achaca a los Ciutadans "estar sin programa", siendo así que se rebelan contra la principal penuria de España que es su despiece y la reivindican como nación única con idioma común. Precisamente en Cataluña, ese "oasis en el que no pasa nada", pero donde zumban por sostenerlo.

Se les imputa "laicismo" desde un PP que nos defraudó al eliminar el humanismo cristiano de su ideario. Sólo porque no condenan el "gaymonio" olvidando el que el Alcalde de Madrid ofició este verano con la horterada del "permaneceréis unidos en la memoria silenciosa de Dios". Y se les critica, en fin, por utilizar como reclamo los "cueros vivos" de su presidente Albert Rivera. Un método publicitario arriesgado pero "de libro" cuando hay musculatura pero faltan finanzas para ganar rápidamente imagen –o perderla– sin mayores dispendios.

Resulta simbólico, aunque sea fortuito, que el 2 de noviembre –al día siguiente de conseguir los tres diputados– el prestigioso Club Financiero de Madrid entregara a Boadella el V Premio de Protagonista de la Fiesta Nacional por su apoyo a tan hispánico arte, otorgado meses antes cuando "casi nadie" daba dos duros electorales por el maestro de la ironía. Cabe ampliar el simbolismo hacia una "fiesta nacional bis" pero real en la que el cornúpeta –lidiado a traición por el actual gobierno y sus cómplices– es el pueblo español.

Me incluyo entre esos escasos del "casi nadie" que apostábamos por Boadella, un sedicente anticlerical en tiempo ya prescrito. El pasado marzo comenté en Expansión y en Libertad Digital sus posibilidades electorales. Y, sobre todos, premonitoria de su éxito fue Esperanza Aguirre al imponer en junio a Boadella, en la Casa de Correos, la Medalla de Oro a las Artes de la Comunidad.

La misma Esperanza que vaticina que Ciutadans "no tiene que nada que hacer en la capital y mucho menos frente a su partido". Y vuelve a acertar pues a quien dañará será al PSOE, arrebatándole votos de su área más moderada o felipista. Ya algunos socialistas de buena fe como Rosa Díez en las Vascongadas piensan en crear un partido a semejanza de Ciutadans.

La prensa acredita, con nombre y apellidos, su extensión a toda España. En Madrid un tal Enrique Calvet, con más de 300 afiliados; casi una legión cuando se empieza. En Salamanca aparece Francisco García Salinero que coordina Castilla y León y la zona noroeste. En su lista de candidatos para las autonómicas y municipales la sola condición es no ser profesionales de la política ni haber pertenecido a partidos. Otro ejemplo de buen marketing porque coincide con el hartazgo político de su españolista publico objetivo.

Dejen de maldecirlos ya que malamente son competencia y comparten un Tinell. El PP sufriendo un pacto escrito y ellos tácito. Sin arrogancias peperas coordinen estrategias. En fin, amigos del PP, hagan un poco de autocrítica, no como en los últimos maitines de la unidad inquebrantable. No continúen bendiciendo estatutos como el de Andalucía. ¿Recuerdan que hace tiempo renunciaron a las modificaciones estatutarias? ¿Porqué no siguen el ejemplo de Esperanza Aguirre que se niega a reformar el de Madrid?

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