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¿Canarias también?

Canarias es región que ejerce de española y además “le va bien” hacerlo así. Ha pasado de la cola regional al pelotón que lidera el PIB “per capita”.

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Coalición Canaria (CC) ha adoptado, en su III Congreso, como bandera propia del partido la tricolor con estrellas verdes; siete como siete son aquellas islas. Tricolor ya lo es la actual bandera autonómica que tomó el amarillo, azul y blanco de los pendones de Gran Canaria y Tenerife. Cuestión distinta es el partidario cambiazo por las verdes estrellas de los montes y canes que hasta hoy en ella ondean.
 
Las estrellas no gozan de buena fama en política. Los usa, verbigracia, la bandera de Fidel Castro y la también comunista de Angola, o la independentista catalana que esgrime Rovireche. Lo embarazoso es que las siete que incorpora CC, lucían, ya en 1979, en la bandera igualmente tricolor del independentista Cubillo. El cabeza visible del Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) que, impulsado por Argelia, pretendía convertir las Islas en una república africana. Nos lo viene a recordar ahora, innecesaria e imprudentemente la CC. ¿Verdes y con asas? ¿Será una ligereza o un síntoma de futura secesión? El suceso merece luz y taquígrafos, más cuanto muy escasa prensa ha dado la noticia.
 
Además de presidir la enseña estrellada, desde ya, cualquier acto de CC, sustituirá a la autonómica vigente tan pronto lo apruebe el Estatuto canario que el partido prepara “a lo Juan Palomo”. ¿No lo hizo así el PNV con la ikurriña? Por fortuna, el pueblo canario opina de modo diferente y al menos en la prensa digital reitera su españolidad. Tanto por afecto como por temer la perturbación de las excelentes relaciones con el resto de España, y el consiguiente riesgo de caer en la garra marroquí. No faltan imputaciones de plagio a los Arzallus/Carod. Y hay quien sugiere como color a incorporar a la enseña el rojo del billete de 500 € que identifican con  la exuberante especulación isleña.
 
CC gobierna en Canarias hace ya veinte años. Primero aliada al PSOE, más tarde al PP y, tras una reciente y sonada ruptura, ha vuelto con los socialistas. El motivo pudiera ser ganar influencia en “Madrid”, como llaman al gobierno de turno; es decir donde el Parlamento decidirá cual sea el próximo Estatuto del archipiélago. Sin embargo, el resultado inicial no ha podido ser peor. En el reciente debate del Estado de la Nación los socialistas aceptaron la pretensión de Rovireche de encajar el REF canario en la armonización fiscal europea a fin de abrir a Cataluña el modelo fiscal canario. Y es que en el Congreso de la “autoridad única” manda el triunvirato catalán y poco importan los tres diputados de CC.
 
La maniobra afecta a la misma esencia de Canarias que es su excepcional diferencial fiscal. Un anuncio en TV usa hace días el eslogan de “Este verano en Canarias te vas a enamorar”. De quien se enamorará usted –si no lo está ya– es de las Islas y sus gentes. Y si es empresario le cautivará su Régimen Económico Fiscal, ese REF de 1972 cuyas ventajas atrajeron a otros muchos a crear y desarrollar empresas. Una de sus estrellas –bien diferentes de las del MPAIAC– es el Fondo de Previsión para Inversiones, una práctica exención del Impuesto sobre la Renta de Sociedades a condición de capitalizar los beneficios. Y es sustancial la reducida tributación indirecta. Una fiscalidad de excepción concedida en su día por el Parlamento español que otras regiones quisieran para sí y explica la boyante economía del archipiélago. Desde ahora el pulso europeo por el REF pueden perderlo todos empezando por Canarias que ya lo tiene.
 
Canarias es región que ejerce de española y además “le va bien” hacerlo así. Ha pasado de la cola regional al pelotón que lidera el PIB “per capita”. Según datos del Instituto Nacional de Estadística sólo tiene por delante a Madrid, Cataluña, Baleares y Aragón, y está a poco más de un punto de Cantabria y Comunidad Valenciana. Saca nada menos que treinta puntos a la colista Extremadura y casi veinte a Andalucía con las que se emparejaba en los años setenta.
 
De los numerosos efectos positivos destaco dos. Uno, el haber comenzado el ascenso con capitales multinacionales hasta reemplazarlos con inversiones canarias o sociedades domiciliadas en las Islas. Otro, la creciente creación de nuevas y sólidas sociedades que supera con mucho la media nacional, mientras aparece el efecto multiplicador de escasear las disoluciones y liquidaciones. Y es que su condición de paraíso fiscal para sociedades favorece la estabilidad y querencia empresarial. ¡Qué se lo digan a Irlanda, el país más desarrollado e industrializado de la UE!
 
Para conservar el REF conviene moderar algunas pretensiones de futuro. Pudiera ser razonable, por ejemplo, la transferencia de competencias en puertos y aeropuertos, transporte aéreo, sanidad, comercio exterior, y telecomunicaciones. Entra en cambio en simas marinas peligrosas la suculenta reclamación de competencia en prospecciones petrolíferas en aguas que también reivindica el moro vecino.
 
Ójala no se trate de “solicitudes a cuenta” para subir el listón tan pronto hayan sido satisfechas en una historia nunca acabar. Practiquen los mentados políticos lo dicho por Gracián: “Cada uno debe actuar como quien es y no como le obligan”.

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