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Armas, oro y secesión

Hay un movimiento de secesión en marcha en EEUU y sus defensores están decididos a detener las ambiciones del gobierno federal de destruir y reconstruir una economía entera y de disolver los últimos restos de libertad individual. Karen de Coster.

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Hay un movimiento de secesión en marcha en EEUU y sus defensores están decididos a detener las ambiciones del gobierno federal de destruir y reconstruir una economía entera y de disolver los últimos restos de libertad individual. Veintiocho estados están apelando a la ley del país, la Constitución de los EEUU, extendiendo nueva legislación que afirme su soberanía como estados libres para evitar ser pisoteados por el enjambre de incontrolados decretos federales. 

La velocidad con la que el gobierno federal intenta adquirir instituciones privadas y usurpar los derechos de los estados y la autonomía del individuo no tiene precedentes. Cuando comparamos las acciones del régimen de Bush-Obama con las de la era del New Deal de Hoover-Roosevelt, es como emplear el símil de la liebre y la tortuga.

A los brazos armados de la propaganda del Estado, desde los grandes medios de comunicación a los fuertes grupos de interés, se les están aumentando sus poderes para publicitar y vender la agenda del estado totalitario, pintándola de color de rosa para que calme los corazones de los sumisos norteamericanos. Sin embargo, hay un número creciente de disidentes que concluyen que la vida, la libertad, la propiedad y el futuro de sus hijos son más importantes que las cosas triviales que ocupan las mentes de la clase sumisa.

Por esa razón, la fuerza policial militarizada del Estado, a quienes se les han otorgado poderes sin parangón desde la artificial crisis que siguió al 11 de Septiembre, ha aumentado rápidamente en tamaño y se está fortaleciendo, previendo la necesidad de hacer frente a una rebelión por parte de aquellos ciudadanos que traten de resistir la tiranía del sobredimensionado Leviatán. 

Desde que el régimen de Bush II tomó la presidencia y el 11 de Septiembre se convirtió en su plataforma de lanzamiento para expandir su hegemonía, la policía estatal se ha movilizado más rápidamente que nunca para demonizar a la resistencia y criminalizar a la disidencia.

El ejemplo más reciente es el informe del Centro de Análisis de Información de Missouri (MIAC, según sus siglas en inglés), que perfiló a los individuos según sus convicciones políticas, especialmente aquellas que rechazan la institucionalización de actos inconstitucionales y se oponen al aumento del poder del estado a expensas de las libertades individuales.

Ron Paul, Chuck Baldwin, Bob Barr, armas y municiones, impuestos, la Reserva Federal, secesión, y la resistencia al servicio militar universal o las acciones anti-privacidad. Todos estos temas se han convertido en palabras clave en la cruzada de criminalizar a los individuos que se niegan a ser moldeados como rebaños y a marchar hacia la servidumbre. 

Dos años atrás, algo similar sucedió en Alabama cuando su Departamento de Seguridad Territorial hizo público un informe que calificaba a los activistas de la libertad como “tipos anti-gobierno” que “afirman que el gobierno de EEUU está violando sus derechos individuales, y/o que las políticas del gobierno son criminales e inmorales”.

Esos grupos, decía el informe, “pueden sostener que el actual gobierno está violando los principios básicos trazados por la Constitución de EEUU...”. No se molesten en buscar ese informe, porque el post del bloguero de LewRockwell.com, Chris Brunner, sobre el informe de Alabama se extendió tanto por la red, que lo eliminaron de la página web.

Además, el informe del MIAC fue rápidamente aplastado por hordas de activistas de izquierdas, lo que llevó a Chuck Baldwin a decir que “la manera más efectiva de luchar contra un leviatán federal cada vez más invasor es centrarse en cada uno de los estados individuales”. 

La lucha por la soberanía, a pesar de que comenzó a partir de individuos espontáneos con inclinaciones hacia los principios radicales de los fundadores de nuestra nación, ha llegado a las legislaciones estatales a lo largo de toda América en forma de proyectos de ley de soberanía.

Según el Christian Science Monitor, veintiocho estados están comenzando a tomar cartas en el asunto como reacción al repentino y masivo aumento de los poderes federales. Incluso la República de Lakotah (de los indios sioux) está declarando su abandono de todos los tratados y acuerdos impuestos sobre ella por el gobierno de EEUU.

La idea de la secesión de estados, considerada en el pasado como un tema para personas con ideas políticas excéntricas, se ha convertido en una solución legítima y práctica para deshacer los años de asaltos acumulados sobre la libertad individual que han venido del estado centralizado. 

Con díscolos revolucionarios detrás de él, Mr. Pitts ha lanzado una advertencia al establishment de Washington. Como redactor de uno de los ‘proyectos de ley’ de los 28 estados -uno incluso llama a la abierta disolución de la Unión si Washington no se controla a sí mismo-, Pitts está en el centro del renacimiento de los derechos de los estados, reafirmando su capacidad de decisión sobre todos los asuntos, desde la investigación de las células madre a la Segunda Enmienda de la Constitución de EEUU. 

Y aunque Pitts (representante del Estado de Carolina del Sur) es de Abbeville, donde se emitieron los votos para la primera secesión del Sur, insiste en que los esfuerzos de hoy para revisar y controlar el poder federal no se limitan a los grupos regionales ni incluso a la afiliación política.

El derecho a portar armas

“Los medios de comunicación establecidos nos pintarán como rednecks (término usado para referirse a los americanos sureños del mundo rural, normalmente de baja condición e ideas muy conservadoras), independientemente de que seamos de Pennsylvania, Oregon o Carolina del Sur”, dice Pitts. “Pero esto es una llamada para despertarnos. Y si Washington no hace caso de esta llamada, podría haber una revolución”.

Tales declaraciones fueron incluidas en un número reciente del Christian Science Monitor. Walter Williams, un respetado académico y popular columnista sindicado, declaró esto en su columna del 25 de marzo: 

“Nuestros ancestros de las Colonias demandaron y suplicaron al Rey Jorge III que los libraran del yugo. Él ignoró sus ruegos, y en 1776, ellos legítimamente declararon la independencia unilateral y fueron a la guerra. Hoy es la misma historia, salvo que el que está usurpando los derechos de la gente y de los estados es el Congreso, haciendo parecer suaves las acciones del Rey Jorge en comparación con las de hoy”.

Nuestra ignorancia constitucional -quizás desprecio, unido al hecho de que nos hemos convertido en una nación de débiles y pedigüeños- nos ha convertido en presas fáciles para las fuerzas tiránicas de Washington. Pero eso podría estar cambiando un poco en la actualidad. Hay señales del resurgimiento del antaño espíritu de rebelión tan característico de los americanos. 

El profesor y académico especializado en la constitución Don Livingston, en su Secessionist Paper No. 19: What is Secession?, apunta que “hablar sobre la secesión pone nerviosos a los americanos. Para muchos evoca imágenes de la Guerra Civil, y está emocionalmente (si no lógicamente) vinculado con la esclavitud, la guerra y la anarquía.

Intervencionismo económico y social

Que la palabra “secesión” esté cargada de estas connotaciones negativas debería ser sorprendente, ya que “América nació en un acto de secesión”. Y continúa describiendo la secesión como un acto que “no busca derrocar o cambiar el gobierno de un estado moderno, sino que lo que busca es simplemente limitar su jurisdicción sobre el territorio que se ha separado”. 

Pero aún así, las connotaciones negativas de la secesión perduran, incluso dentro de algunos círculos liberales [de izquierdas, según el argot de EEUU]. Quizás lo más sorprendente que sigo oyendo de algunos liberales es que aquellos que nos adherimos a las ideas secesionistas somos unos chiflados extremistas que no ofrecen ningún valor “al movimiento”, y que en lugar de eso, solo lanzamos banderas rojas (de la Confederación, símbolo del movimiento secesionista del Sur en la Guerra Civil Americana) que ahuyentan a la gente del liberalismo. Así se nos hace creer que los padres fundadores, los arquitectos de la rebelión y los máximos exponentes de los principios jeffersonianos, eran chiflados reaccionarios. 

Este tipo de liberales anti-radicales, o ‘blandos’, serán los que se encogerán de miedo en una esquina cuando vengan a por nuestras armas (bajo un masivo decreto federal sobre el control de armas) y nuestros hijos (bajo leyes federales de “servicios de protección” a los niños” o un decreto para servicios nacionales).

Estos liberales suelen tener escasos conocimientos de historia, política monetaria, disputas constitucionales, y de los filósofos políticos que a lo largo de los años han defendido los derechos de los estados y los derechos naturales de los individuos en contra del estado centralizado y totalitario.

La expansión federal

De hecho, tienden a rehuir la vida intelectual porque no es tan divertida ni social como las reuniones mensuales y las invitaciones de clubes en los que participan tan asidua y activamente. Los agentes federales están concentrados en una amplia serie de medidas para tomar el control completo del sistema financiero (que está destruido para siempre) y de determinadas compañías; avanzar en los planes de una guerra perpetua; socializar la asistencia sanitaria; avanzar en la implantación de la educación federal y criminalizar el homeschooling [educación en casa]; apropiarse de las armas y munición; sacar a los niños de las casas de los disidentes; etc, etc.  

En este punto, nada de esto se puede deshacer a través de medios políticos. Los agentes de la brigada anti-libertad de Obama fueron traídos a Washington D.C. con un solo propósito muy específico: centralizar todo lo que queda de vida y propiedad y ponerlo bajo las reglas federales, desde el dinero y la educación al comportamiento personal.

Nótese el comportamiento condescendiente y arrogante del Rey Obama en el programa de TV de 60 Minutes cuando se rió de la incapacidad de la opinión mayoritaria para hacer nada con el fin de parar su frenético ritmo de incremento del poder político y económico a nivel federal

Quizás el movimiento más significativo por parte de los federales, aparte de cargarse el libre mercado mediante rápidas nacionalizaciones, es el movimiento de los centralizadores de extinguir la característica más importante de una sociedad libre -el derecho a portar armas-.

Una sociedad que no puede portar armas es una sociedad condenada a la servidumbre eterna y a la opresión de los señores a los que sirven. El Fiscal General Eric Holder, elegido por Obama, ha abogado desde mucho tiempo por eliminar los derechos de portar armas. Incluso peor es el caso de Rahm Emmanuel, en calidad de Jefe del estado mayor, que está siendo utilizado más allá de su papel oficial para lanzar propaganda a favor del control absoluto e incondicional de las armas.

Emmanuel, un ciudadano israelí, está intentando etiquetar a los propietarios de armas como terroristas a los ojos de sus compatriotas americanos. Con todo, no ha habido ningún intento de apartar a Emmanuel de su puesto y convertirse en un defensor oficial de los que quieren desarmar a América. 

Los derechos de las armas son uno de los temas más visibles que están haciendo que los estados se replieguen y declaren que el gobierno federal ha traspasado los límites. En Montana, cargos electos han firmado una resolución declarando que cualquier regulación del gobierno Federal sobre la Segunda Enmienda viola su condición de estado.

En Tennessee, el senador demócrata Doug Jackson, ha presentado legislación para prohibir la micro-estampación (microstamping) de las armas de fuego, usada para identificar a los propietarios de armas, con el fin de proteger la Segunda Enmienda y evitar que se avance hacia la confiscación total de las armas. 

El otro movimiento que ha empujado las exigencias de soberanía de los estados es el rechazo de la Reserva Federal y sus políticas anti-liberales, que esclavizan a los ciudadanos de los estados confinándoles en unos mecanismos de dinero inflacionario y depreciaciones de la moneda.

La Reserva Federal

Legisladores en algunos estados, como Georgia y Montana, se han movido en contra del sistema de la Reserva Federal y a favor de instituir una política monetaria sólida, abogando por el uso del oro y la plata, en contraposición a los billetes de curso forzoso de la Fed.

En Montana, el diputado Bob Wagner introdujo un proyecto de ley de dinero sólido, aunque más tarde murió en el proceso. A medida que pase el tiempo y la economía empeore todavía más, es más probable que veamos muchas más iniciativas de este tipo por parte de legisladores de los estados. 

El oro, como tal, es una herramienta de protección contra el colapso del dólar, que es por lo que los que se oponen a la Reserva Federal desean comprarlo y atesorarlo. Las armas son las herramientas con las que te auto-defiendes, no solo de criminales locales que quieren lo que tú tienes, sino que también proporcionan a los hombres libres de la capacidad de resistencia física hacia un gobierno federal cuya expansión de poderes y tácticas opresivas están fuera de control.

Piensen en Rahm Emanuel y Eric Holder, y pregúntense por qué es que apoyan una agenda que pone las armas solo en las manos del Gobierno y los agentes que el Gobierno apruebe.  

La única manera de librarse del tirano opresivo -conocido como el gobierno federal- es desprender de él y empezar de nuevo. Que veintiocho estados estén empezando a encender las llamas de la rebelión mediante un movimiento hacia la soberanía es algo realmente notable. Los estados y la gente deben declarar su soberanía y eliminar los tentáculos de las leyes del gobierno federal de sus cuellos. Sólo una ruptura de este monstruoso y descontrolado gigante despótico puede restaurar la libertad y evitar que todos sigamos caminando hacia las garras del Gobierno. 

Artículo elaborado por Karen de Coster, publicado originalmente en LewRockwell.com.

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