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Dónde estamos en la crisis

Guía para entender la crisis 2007-201X (V). En España, muy probablemente, lo peor de la crisis financiero-bancaria (y sobre todo, de las cajas de ahorro) está por llegar. Alejandro Macarrón Larumbe.

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Tras el tsunami financiero de otoño de 2008, en el que por primera vez en muchas décadas hubo miedo a quiebras bancarias generalizadas, las masivas ayudas públicas a las entidades financieras de todo el mundo desarrollado -vía rebajas de tipos hasta niveles cercanos a cero, avales, garantías de depósitos e inyecciones de dinero público- han hecho remitir el pánico, y el sistema financiero parece estabilizado. O al menos, como diría Romanones, "cuando digo jamás, quiero decir hasta mañana". No obstante, queda mucho trecho hasta su saneamiento.

Entre tanto, la economía real se ha hundido en todo Occidente y otras partes del mundo, con descensos del PIB desconocidos desde hace varias recesiones, y una contracción del comercio mundial sólo comparable a la de la Gran Depresión. Y aunque el ritmo de descenso al averno de la economía podría estar menguando, como indicaría el hecho de que la bolsa se haya calmado y rebotado con fuerza desde los mínimos de marzo, nadie puede asegurar todavía si los famosos "brotes verdes" (pequeños signos positivos que aparecen en el panorama de vez en cuando) anuncian realmente que el suelo de la crisis está cercano, o si sólo se trata de golondrinas aisladas que no harán verano.

Verde que te quiero verde

Veamos un ejemplo de brote verde que, una vez analizado con lupa, se quema al concentrar sobre él la suficiente luz a través de la lente de aumento (en línea con una ocurrente viñeta aparecida en la prensa internacional, en la que Obama, Bernanke y otros personajes de primera fila queman un brote verde por observarlo con una lupa, por este mismo efecto): "La compraventa de viviendas sube un 0,7% en marzo respecto de febrero, tras caer ese mes un 8,6% respecto de enero".

Para los ansiosos por encontrar brotes verdes, éste parecía de los buenos, al ser el sector vivienda uno de los claves en esta crisis en España, y suponer que ese dato implicaba un abrupto cambio de tendencia respecto de la fuerte caída enero-febrero. Lo malo es que, cuando reparamos en que marzo tiene más días laborables que febrero (dos más este año, si bien con San José festivo en media España), el brote verde se esfuma, ya que, sin ninguna duda, en marzo hubo menos compraventas de vivienda por día hábil que en febrero. De hecho, pasado un mes, en abril, la compraventa de viviendas cayó un 16% respecto de marzo.

Así pues, todavía es demasiado pronto para discernir si lo que parecen brotes verdes son realmente el primer signo de que tocamos fondo, o un simple repunte técnico que luego marchita (en lenguaje de hoy, una "recuperación basura", de las que hubo unas cuantas en la Gran Depresión).

De hecho, Funcas, la fundación de las cajas de ahorro, que cuenta con uno de los más prestigiosos y serios observatorios económicos de España, dirigido por Ángel Laborda, ha rebajado recientemente hasta casi el 4% la caída prevista del PIB en 2009, y al 1% en 2010. Y ya pasadas las elecciones europeas, el gobierno ha hecho lo propio, revisando sensiblemente a la baja su cuadro macroeconómico.

Lo peor, aún por llegar en España

En España, muy probablemente, lo peor de la crisis financiero-bancaria (y sobre todo, de las cajas de ahorro) está por llegar, aun cuando no parece que se vaya a repetir el pánico de finales de 2008, salvo que éste se desencadene de nuevo a escala internacional, algo todavía no descartable por completo.

La crisis del sector financiero ha ido en España más lenta que en el extranjero porque teníamos un mayor colchón de provisiones bancarias, porque nuestros bancos privados y nuestra supervisión bancaria son de los mejores del mundo, porque los préstamos de nuestra banca tenían como respaldo activos que se desvalorizan más lentamente que los cotizados en bolsa (propiedades inmobiliarias), y porque los precios de los inmuebles aún han caído relativamente poco.

Pero la carcoma de la morosidad sigue haciendo estragos en el sistema financiero, y de qué forma. Por ello, en los mentideros se habla continuamente de nuevas intervenciones de cajas de ahorros, siguiendo la estela de la de Caja de Castilla La Mancha.

Y en cuanto a la economía no financiera, tres cuartos de lo mismo. Mientras en España haya decenas de miles de nuevos parados cada mes, no se haya digerido nuestro particular subprime del ladrillo (varios cientos de miles de millones en préstamos con riesgo potencial de impago, de acuerdo con los rigurosos análisis del Informe Recarte 2009, entre promotores inmobiliarios y particulares en mala situación financiera personal, por haber perdido su empleo), el sector privado y los hogares no reduzcan su endeudamiento de forma apreciable, y no liquidemos el famoso stock de cientos de miles de viviendas por vender, las cosas no irán nada bien.

Por ello, en 2009, es probable que la economía española caiga más del 4%, y las cifras reales de desempleo (maquillajes estadísticos aparte) parece que llegarán a finales de año a entre 4,5 y 5 millones de personas. De hecho, la caída interanual del consumo eléctrico industrial en el primer cuatrimestre, de una magnitud sin precedentes (un 20%), apunta a algo mucho peor en 2009 que una mera recesión.

Respuesta improvisada, apuesta por lo indoloro, y con mucha deuda

En cuanto a la respuesta dada en España y fuera de ella a la crisis, el sector privado y los hogares se están adaptando como pueden al difícil momento de la economía, porque no les queda otra, si bien en cuestiones tan importantes como el necesario reajuste a la baja de los precios inmobiliarios sólo se ha avanzado modestamente, pues en esto sigue habiendo una rigidez en España que no facilita la recuperación del mercado.

En contraste, la respuesta del sector público, desde que la crisis se agudizó en septiembre de 2008, suena con muchos decibelios de potencia a improvisación pura y dura, con continuos paquetes de nuevas medidas, lo que ha creado incertidumbre y desconcierto, dando la sensación de que quienes estaban al frente de la nave no sabían lo que había que hacer para navegar bajo este temporal.

Además, esencialmente, se ha optado sólo por lo indoloro, y se ha evitado lo impopular entre el electorado y/o lo incómodo para la clase política. Por ello, no se han puesto en marcha reformas estructurales que nos hagan más competitivos y productivos, que introduzcan austeridad en el sector público, y que faciliten el repago futuro de la nueva deuda pública que estamos contrayendo a raudales.

Se está inyectando liquidez a base de déficit y deuda pública en unos volúmenes y velocidades nunca vistos, y las famosas cautelas del Tratado de Maastricht (3% de déficit público y 60% de deuda pública sobre PIB) van a quedar pulverizadas. Si en España nos costó once años pasar de un 68% de deuda pública sobre PIB (1996) al 36% (2007), tras repuntar ésta en 2008 hasta el 39%, parece que en sólo dos años vamos a llegar al 70% de deuda sobre PIB o más, tras sufrir déficits públicos anuales sobre PIB del orden del 10%1 (!!!).

Por ello, en EEUU, donde también se está disparando el endeudamiento y el déficit público para vadear la crisis, se habla de que en muy altas esferas se están planteando una medida que el profesor Cabrillo calificaba recientemente de forma muy justa como “inmoral”: provocar más inflación para que así la gigantesca deuda pública norteamericana valga menos, una forma nada limpia ni honrada de forzar a sus acreedores a sufrir de facto una importante quita de deuda.

Por otra parte, si el mayor causante de esta gran crisis a nivel internacional fueron los bajísimos tipos de interés impulsados por la Fed y el BCE en 2001 para que no cayésemos entonces en una recesión, lo cual impulsó la burbuja de los inmuebles y otros activos, y ahora el mundo está combatiendo esta crisis con idéntica medicina, ¿no estaremos dificultando con ella el ajuste a la baja del inflado precio de los activos inmobiliarios, y engendrando una nueva macro-recesión en pocos años con la actual política monetaria?

En resumen, el pánico financiero ha remitido (probablemente esto sea el único brote verde auténtico), y aunque hay ciertos signos de que el ritmo de deterioro económico se estaría ralentizando, aún no está claro que hayamos llegado más que al final del principio de la crisis económica, como dijo Churchill al empezar los ingleses a dejar de perder por goleada la segunda guerra mundial, cuando Inglaterra seguía muy en precario pero al menos ya no parecía al borde de perecer.

Queda mucha crisis por delante, y no se están adoptando reformas estructurales para mejorar la productividad y salud de fondo de la economía. Y, además, se está armando tal pelota de deuda pública que, como no tengamos la suerte de tocar fondo pronto y/o no acometamos con rapidez reformas estructurales, nos esperan años nada fáciles, simplemente, por el lastre del servicio de esta nueva y abultadísima deuda.

Notas al pie:

1 Según el cuadro macroeconómico del gobierno revisado en junio, la administración central del Estado tendrá en 2009 un déficit de 85.000 millones de euros, sobre unos 192.000 millones de euros de gasto. Eso implica nada menos que un 79% de déficit sobre ingresos, un descuadre presupuestario descomunal.



Autor: Alejandro Macarrón Larumbe
Consultor de Estrategia de Empresas y Finanzas Corporativas

Artículo publicado en Expansión el 29 de mayo de 2009.


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