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El déficit se va a disparar por culpa de las autonomías

A este país le quedan unos cinco meses para hacer las reformas profundas que desde todos los ángulos se le piden al Gobierno.

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Europa de momento se fía de la firme promesa del Gobierno español de reducir el déficit del sector público al 9,3% en 2010. Efectivamente puede ser que a esa fecha la cifra sea esa, pero en marzo de 2011 vendrá la esperada sorpresa y se desencadenará la tormenta: por fin por esas fechas se sabrá el déficit real al que cierran sus cuentas las autonomías y que habrá que incorporar a las de cierre del año. D. Alberto Recarte, en el Foro Arrupe, ha pronosticado que la cifra final será superior a ese 9,3%. El flagrante pecado de omisión que cometen los Gobiernos desde hace años de no controlar, como manda la Constitución, los gastos de las comunidades se va a convertir por esa época en un "boomerang". Veremos cómo reaccionan los mercados.

La mayoría de las autonomías, que en este momento ya tienen serias dificultades en llegar a fin de año y varias se están retrasando en sus pagos, viven en un "dolce far niente": reciben del Estado a manos llenas, pero nadie les controla en sus gastos. Con muy buen criterio, el Sr. Recarte propugna que sean las autonomías las que también recauden "para que adquieran conciencia", pues al fin y al cabo el 3,1% del déficit lo generan.

A este país le quedan unos cinco meses para hacer las reformas profundas que desde todos los ángulos se le piden al Gobierno. De momento "tenemos una clase política suicida" pues por mantenerse en la poltrona no se atreven a hacer lo que deberían y lo vamos a pagar todos. En otros países, donde hay líderes, como los Cameron, Sarkozy, Merkel, etc. y se hacen los deberes, aunque sean impopulares, se ve el final del túnel.

Aquí los políticos no toman medidas pero la triste realidad se impone día a día. Las excusas son múltiples y hasta algo que se presenta tan complejo como frenar el déficit de las autonomías tiene fácil solución: cumplir lo legislado y para el futuro modificar la Constitución, algo que después de 30 años es más que necesario por múltiples motivos. Pero hay que tener el valor de poner antes el bienestar del país que la poltrona propia.

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