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¿Evitará la regulación nuevos Madoffs?

Madoff es una gran bendición para los defensores de la regulación. Sin embargo, es curioso que un fracaso masivo del gobierno se haya convertido en una excusa para cargar contra el mercado y pedir más intervención gubernamental. Chidem Kurdas.

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Bernard Madoff es una gran bendición para los defensores de la regulación financiera. Una figura bien conocida en Wall Street confesó haber defraudado a sus clientes la impresionante suma de 50.000 millones de dólares. Ahora se ha convertido en versión oficial, blandida entre los medios de comunicación, que este y otros desastres financieros no habrían sucedido de haber habido una supervisión gubernamental adecuada.

Con la desregulación como la culpable, se espera que los nuevos cargos del Congreso y la Casa Blanca den un impulso a las burocracias regulatorias con mayor autoridad y recursos.

Los analistas citan el asunto Madoff como prueba en contra del libre mercado. “El largo y bipartidista experimento con la desregulación financiera ha fracasado profundamente”, declaraba Tim Rutten en Los Angeles Times. “El escándalo de Madoff debería ser una llamada de atención”, escribía Arthur Levitt en The Wall Street Journal, exigiendo mayor regulación del asesoramiento inversor.

Levitt encabezó la Securities and Exchange Commission (SEC, la Comisión del Mercado de Valores norteamericana) desde 1993 a 2001 -periodo que cubre el periodo inicial de la debacle- y conocía a Madoff personalmente. Dice que él no sospechaba malas prácticas.

En este caso, como en otro caso de fraude anterior que he estudiado, los reguladores en efecto facilitaron el engaño. La gente cometió errores en parte debido a las garantías ofrecidas por la supervisión del gobierno. Es destacable el hecho de que un fracaso masivo del gobierno de una duración de ocho o nueve años se haya convertido en un argumento contra el mercado y para una  mayor intervención gubernamental.

Bernard Madoff Investment Securities era la compañía de Madoff, con las funciones de corredor de bolsa (broker) y creador de mercado para ciertos valores (market-maker). Ésta era una importante firma que ejecutaba grandes números de operaciones en el índice Nasdaq. Madoff, pionero en la operativa bursátil electrónica, había contribuido en construir el mercado electrónico del Nasdaq. Era tan respetado que los reguladores le pedían su opinión acerca del sistema de operativa bursátil.

Como firma de corretaje de bolsa, estaba muy regulada por varias agencias, con la SEC como principal supervisora. Además de hacer de intermediario en operaciones, Madoff operaba con el capital de otras personas. Apareció ser inusualmente exitoso en esto, llegando a alcanzar rentabilidades anuales del 15% a lo largo de un par de décadas con ningún año de pérdidas.

Había rumores acerca de estos beneficios tan estables. ¿Cómo podía ser que este hombre ganara dinero en épocas donde los demás, usando la misma estrategia y operando con los mismos valores, tenían pérdidas?

Una explicación obvia era que Madoff aprovechaba su posición de creador de mercado (market-maker), gracias a la cual conocía cuándo habría compras o ventas significativas que hicieran subir o bajar el precio del título. Aprovechándose de esta información, él podría comprar o vender por delante de las operaciones que su firma ejecutaba. Esto le daría un gran margen sobre los demás operadores bursátiles y explicaría la excepcional estabilidad de sus rentabilidades. Aun así, no podría decir a la gente que ésta era la fuente de sus beneficios, ya que esta práctica es ilegal.

La otra explicación era que, en realidad, no estaba obteniendo las rentabilidades que decía obtener -es decir, que estaba metido en un fraude del tipo de esquema Ponzi-. Podría haber ganado dinero inicialmente aprovechándose de informaciones privilegiadas, pero habría parado de hacerlo por temor a ser pillado. Más tarde, caería en el esquema de fabricar rentabilidades y pagar a algunos inversores con el dinero de otros inversores. Sólo Madoff conoce lo que sucedió.

En cualquier caso, su increíble desempeño fue denunciado a la SEC y otras agencias por al menos dos personas, actuando independientemente. Uno era un gestor de un hedge fund, llamado Michael Beger, quien él mismo fue detenido por ocultar las pérdidas de los inversores del Manhattan Investment Fund.

En un intento de conseguir la indulgencia del gobierno, Berger ofreció a principios de 2000 a la SEC, al FBI y a la oficina del Fiscal General de EEUU información acerca de Madoff y otras dudosas aventuras. Él nos contó esto a mí y a otros periodistas. En 2001 y 2002 aparecieron algunos artículos en la prensa expresando dudas acerca de varias cuestiones del tema Madoff.

Las autoridades ya habían oído sobre el asunto por boca de Harry Markopoulos, un analista y operador bursátil frustrado porque no consiguió las robustas rentabilidades que Madoff reportaba. Markopoulos usó análisis cuantitativo para demostrar que Madoff no podía conseguir las rentabilidades que afirmaba con la estrategia de derivados que decía que usaba. Desde 1999 Markopoulos discutió el tema repetidamente con oficiales del gobierno e incluso envió un informe documentando su caso.

La SEC investigó a la firma de Madoff varias veces. Los examinadores encontraron algunas irregularidades menores de tipo técnico pero ningún problema importante. Madoff pagó una multa, rellenó unos papeles como requisito para registrarse como asesor inversor, y se le permitió seguir en su camino.

La gente que invirtió su propio dinero o el dinero de sus clientes con Madoff vio los informes de la prensa y se enteraron de los exámenes de la SEC. Por ejemplo, un banco suizo que le había canalizado capital tuvo ciertas preocupaciones, pero según una carta interna, los ejecutivos “encontraron alivio” de que la firma de Madoff estuviera sujeta a auditorías rutinarias por parte de la SEC y la FINRA, una autoridad reguladora independiente de la industria financiera.

Los reguladores no descubrieron ningún fraude después de repetidas quejas e inspecciones. Eso reaseguró a los inversores y ayudó al juego fraudulento de Madoff, que sólo fue oficialmente reconocido después de que confesara en Diciembre de 2008 -después de, posiblemente, décadas de engaño-.

El fiasco

Este fiasco regulatorio no es único. Berger tuvo un patrón similar, como muestro en el número de Invierno de 2009 de la revista The Independent Review. Berger fue capaz de engañar a los inversores, contables, y auditores durante tres años, parcialmente porque regulaciones de la SEC le daban soporte. 

Estos fracasos del gobierno no se deben a la falta de leyes regulatorias, de autoridad, o de personal, al contrario de lo que promueve una campaña para hacer que esto parezca así. Los supervisores de la SEC tenían toda la autoridad necesaria para investigar en todos y cada uno de los aspectos de la operación Madoff. Markopoulos, el analista, ofreció sus servicios al gobierno para ayudar a destapar el fraude de Madoff. Si el personal de la SEC carecía de destrezas, ellos podrían haber empleado a Markopoulos o a otro consultor.

Algunos argumentan que los Estados Unidos necesitan de un regulador financiero unificado y más fuerte para evitar este tipo de sucesos. Con todo, importantes fraudes suceden en países como Francia, donde el regulador es lo más fuerte que se puede ser. Levitt se queja de que la SEC no tiene suficientes recursos. Sin embargo, parece que en realidad se gastaron grandes cantidades de recursos en el asunto Madoff.

La verdad es que los agentes del gobierno están sujetos a las mismas debilidades cognitivas y sesgos como lo están los agentes del mercado y, por ello, cometen los mismos errores. Los inversores de Madoff se dejaron aconsejar el uno del otro. Los agentes del gobierno se unieron en el comportamiento de manada y fomentaron la falsa ilusión mediante la exoneración de Madoff de las graves acusaciones que se le vertieron.

Reducir la incidencia del fraude requiere que los inversores sean más escépticos y estén más alerta ante tempranas señales de dudosas artimañas. Requiere de una mejor conciencia de los sesgos y limitaciones mentales que todos tenemos que hacen de la gente fáciles presas de listos manipuladores. Pero la imagen popular de los burócratas gubernamentales como sabios guardianes cuidando del resto de nosotros crea una falsa sensación de seguridad -un riesgo cognitivo que convierte a los inversores en más vulnerables-.

Artículo elaborado por Chidem Kurdas y publicado originalmente en The Freeman | Ideas On Liberty. Chidem Kurdas es periodista financiera, analista y escritora radicada en Nueva York. Escribe análisis de inversión en www.HedgeFundSmarts.com, y ha escrito artículos para diversos medios.

 

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