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La guía políticamente incorrecta de la Gran Depresión y el New Deal

Hoover se comportó como un Keynesiano de libro después del crash bursátil de 1929. Robert Murphy.

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Desde finales de 2007, cada vez más comentaristas han trazado paralelismos entre la actual crisis y la Gran Depresión. Premios Nobel y asesores presidenciales proclaman que fue la tacañería propia de un defensor del laissez-faire como Herbert Hoover la que exacerbó la Depresión, y que la economía norteamericana solo se salvó cuando Franklin Delano Roosevelt (FDR) incurrió audazmente en enormes déficits para luchar contra los nazis.

Pero como documento en mi nuevo libro, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal (La Guía Políticamente Incorrecta de la Gran Depresión y el New Deal), esta historia oficial es completamente falsa.

Primero aclaremos cuál fue la postura de Herbert Hoover respecto a las políticas fiscales. Al contrario de lo que usted ha escuchado y leído durante este último año, Hoover se comportó como un Keynesiano de libro después del crash bursátil.

Inmediatamente recortó los tipos del impuesto sobre la renta en un punto porcentual (aplicable al año impositivo 1929) y empezó a aumentar el gasto federal, incrementándolo en un 42% desde el año fiscal 1930 al 1932.

Pero para apreciar realmente lo genuinamente keynesiano de Hoover, debemos darnos cuenta de que este salto enorme en el gasto ocurrió en medio del colapso de los ingresos impositivos, debido tanto a la reducción en la actividad económica como a la deflación de precios de principios de la década 1930. Esta combinación llevó a déficits sin precedentes en tiempos de paz bajo la Administración Hoover -algo contra lo que FDR se opuso durante la campaña presidencial de 1932-.

¿Fueron muy elevados los déficits de Hoover? Bueno, su predecesor Calvin Coolidge había incurrido en superávit presupuestario en todos los años de su presidencia, y mantuvo el presupuesto federal prácticamente constante a pesar de la loca prosperidad (y el elevado aumento en los ingresos impositivos) de los años 20.

Hoover fue un keynesiano

En contraste con Coolidge -quien era un presidente favorable al gobierno pequeño-, Herbert Hoover consiguió convertir su superávit de 700 millones de dólares en un déficit de 2.600 millones de dólares de déficit por 1932.

Es cierto, eso no parece una gran cuantía hoy; Henry Paulson repartió más a los banqueros en un desayuno. Pero tengan en cuenta que el déficit de 2.600 millones de dólares de Hoover ocurrió porque gastó 4.600 millones mientras que sólo recaudó 2.000 millones en ingresos. Así, como porcentaje del presupuesto total, el déficit de 1932 fue impresionante -se traduciría en un déficit de 3,3 billones en 2007 (en lugar del déficit real de 162.000 millones de dólares ese año). Desde otro ángulo, el déficit de Hoover en 1932 fue del 4% del PIB, lejos de ser el récord de alguien que recortó el presupuesto.

La verdadera razón por la que el desempleo se disparó durante la legislatura de Hoover no fue su aversión a los déficits, ni su encaprichamiento con el patrón oro. No, lo que diferenció a Hoover de los anteriores presidentes norteamericanos fue su insistencia a los grandes negocios de que no recortaran los salarios en respuesta al colapso económico.

La clave: no reducir salarios

Hoover mantenía la equivocada idea de que el poder adquisitivo de los trabajadores era la fuente de fortaleza de una economía. Así, le parecía que si las empresas empezaban a despedir a los trabajadores y recortar los sueldos debido a la decreciente demanda, se pondría en marcha un círculo vicioso muy perjudicial para la economía.

Los resultados hablan por sí mismos. Durante la desalmada era "liquidacionista" anterior a Hoover, las depresiones (o "pánicos") se acababan normalmente en dos años. Sí, seguramente no sería agradable para los trabajadores ver cómo sus sueldos caían rápidamente, pero así se aseguraba una pronta recuperación y, en cualquier caso, el golpe era suavizado porque los precios en general también caían.

¿Cuál fue entonces el destino del trabajador durante la supuestamente compasiva era de Hoover, cuando los "iluminados" líderes empresariales sostuvieron los salarios en un contexto de caída de precios y beneficios?

Bien, la economía más básica nos dice que precios más altos llevan a comprar una cantidad menor de cualquier mercancía. Debido a que los "salarios reales" (es decir, el salario nominal ajustado por la deflación de precios) aumentaron más rápidamente a comienzos de la década de los 30 de lo que incluso lo hicieron durante los locos años veinte, las empresas no podían permitirse contratar tantos trabajadores. Esto es lo que explica que las tasas de paro se dispararan hasta la inconcebible cifra del 28% en Marzo de 1933.

Paro del 28% en 1933

"Todo esto es muy interesante", podría decir el lector escéptico, "pero es innegable que el ingente gasto de la II Guerra Mundial sacó a América fuera de la Depresión. Así que está claro que Herbert Hoover no gastó lo suficiente".

Ah, aquí nos topamos con uno de los mitos más grandes de la historia económica, el supuesto "hecho" de que el gasto militar norteamericano arregló la economía. En mi libro me baso en el pionero trabajo revisionista de Robert Higgs, quien ha mostrado en varios artículos y libros que la economía estadounidense estuvo atascada en la depresión hasta 1946, cuando finalmente el gobierno federal relajó el control sobre los recursos y trabajadores del país.

La Gran Depresión duró hasta 1946

Por supuesto que las tasas de paro cayeron bruscamente después de que EEUU comenzara a reclutar a hombres para las fuerzas armadas. ¿Es eso algo tan sorprendente? Del mismo modo, si Obama quisiera reducir el desempleo hoy podría tomar a dos millones de trabajadores que han sido despedidos, equiparlos con flotadores armados y enviarlos a luchar contra los piratas. ¡Voilá! La tasa de paro caería.

La medida oficial del gobierno del creciente PIB durante los años de guerra también es engañosa. Los números con los que se configura el PIB incluyen el gasto gubernamental, con lo que los masivos desembolsos en materia militar se sumaron en los números, a pesar de que un millón de dólares gastados en tanques sea difícilmente el mismo indicador de verdadera producción económica que un millón de dólares gastados por las familias en, por ejemplo, coches.

Control de precios

Además de esa distorsión, Higgs nos recuerda que el gobierno instituyó controles de precios durante la guerra. En condiciones normales, si la Reserva Federal (FED) imprime mucho dinero para permitir que el gobierno compre masivas cantidades de bienes (como municiones y bombarderos, en este caso), el IPC se dispararía. Entonces, cuando las estadísticas contabilizaran las cifras del PIB nominal las ajustarían hacia abajo debido al gran aumento en el coste de la vida, con lo que el PIB real (ajustado por la inflación) no parecería tan impresionante.

Pero este ajuste no pudo ocurrir, porque el gobierno convirtió en ilegal que el IPC se disparara. Por tanto, las medidas oficiales que mostraban el "PIB real" aumentando durante la II Guerra Mundial son tan falsas como los anuncios de la Unión Soviética de sus logros industriales.

Si los keynesianos se basan en una mala teoría económica y en una historia engañosa para justificar sus llamamientos de incurrir en déficits públicos desbocados, los monetaristas de la Escuela de Chicago apenas son mejores cuando exigen que los tipos de interés bajen al cero por ciento (¡o incluso negativos!) y culpan de la Depresión a la falta de voluntad de la FED.

Mientras investigaba para el libro me di cuenta de que desde que la FED abrió sus puertas en Noviembre de 1914 hasta 1931, la FED de Nueva York estableció las mínimas tasas justo al final de este periodo. La "tasa de descuento" era el tipo de interés que los bancos de la FED cargaban a los bancos miembros por préstamos respaldados por colateral. Para la FED de Nueva York, las tasas fluctuaron desde su fundación, pero nunca superaron el 7% ni fueron inferiores al 3% hasta 1929.

Intervención monetaria de la FED

Esto cambió después del crash bursátil. El 1 de Noviembre, sólo unos días después del Lunes Negro y el Martes Negro -cuando la bolsa cayó casi un 13% y luego casi otro 12% consecutivamente-, la FED de Nueva York comenzó a recortar su tasa. Hasta el crash esta tasa de descuento había estado en el 6%, y unos días después se recortó en un punto entero porcentual. Durante los siguientes años, las tasas se fueron recortando periódicamente hasta el mínimo del 1,5% en Mayo de 1931.

Mantuvieron la tasa en ese nivel hasta Octubre de 1931, cuando comenzó a repuntar para detener las salidas de oro causadas por el abandono de Gran Bretaña del patrón oro un mes antes. (Los inversores a nivel mundial temieron que Estados Unidos siguiera el mismo camino, por lo que empezaron a vender dólares mientras la ventanilla americana de oro permanecía abierta.)

Hasta ahora mi historia no es inusual. "Todo el mundo sabe" que la FED se supone que debería reducir las tasas de interés para suavizar dificultades de liquidez durante un pánico financiero. Esto ayuda a suavizar la crisis, y proporciona un aterrizaje más suave que si la oferta de crédito estuviera fija.

Pero, ¿sabe qué? A lo largo de todo el periodo que estamos considerando, la tasa más alta a la que la FED de Nueva York cobró a los bancos fue del 7%.Y la única vez que alcanzó ese nivel fue en medio de la depresión de 1920-1921.

La depresión de 1921

Aunque probablemente nunca haya oído de ella, esta temprana depresión fue grave, con tasas de desempleo del 11,7% en 1921. Afortunadamente se acabó pronto; el desempleo había bajado al 6,7% en 1922, y luego, en 1923, incluso alcanzó el 2,4%.

Después de trabajar en estos temas para mi libro, todo esto enseguida se hizo obvio para mí: las altas tasas de descuento de la depresión de 1920-1921 fueron indudablemente dolorosas, pero consiguieron limpiar a fondo la suciedad y eliminar las distorsiones de la estructura productiva.

La oferta monetaria estadounidense y los precios se habían casi doblado durante la I Guerra Mundial, y el máximo que alcanzó la tasa de descuento a partir de Junio de 1920 fue una presión para limpiar las malas inversiones que se habían generado durante el boom de la guerra.

Ya por 1923, la estructura de capital en los Estados Unidos era una máquina de producir. Junto a los ambiciosos recortes de impuestos de Andrew Mellon, los locos años veinte fueron los años más prósperos en la historia americana. No sólo fue que la persona media se hizo más rica, sino que su vida cambió en la década de los 20. Muchas familias adquirieron electricidad y coches por primera vez en esta década.

En contraste, durante principios de los 30, "por alguna razón" los recortes de tipos de interés de la FED no parecieron funcionar. De hecho, sembraron las semillas de lo que fue la peor década en la historia económica estadounidense.

Es más fácil ver qué está pasando si nos olvidamos de que existe un banco central y, simplemente, fingimos que estábamos viviendo en los buenos tiempos de antaño cuando los bancos competían entre sí y no había un supervisor tendente a generar cárteles.

En este contexto, cuando golpea un pánico y la mayoría de la gente se da cuenta de que no han ahorrado lo suficiente -que desearían haber mantenido justo en ese momento más fondos líquidos de lo que sus planes anteriores les habían proporcionado- ¿qué deberían hacer los vendedores de los fondos líquidos?

La respuesta es obvia: deberían subir sus precios. La escasez de fondos líquidos se ha incrementado después del pinchazo de la burbuja, y su precio debería reflejar esa nueva información. La gente, al fin y al cabo, necesita saber cómo cambiar su comportamiento, y eso es de lo que informan los precios de mercado.

El indicador de los precios

Pero en los tiempos más modernos, no sólo gracias a Keynes sino sobre todo a Milton Friedman, los banqueros centrales ahora piensan que durante una restricción repentina de liquidez ellos deberían ser quienes devuelvan la liquidez al sistema. Pero para hacer eso tienen que rebajar la calidad de su producto (la moneda).

Es como si un comerciante de vinos tuviera de repente una oleada de clientes que demandaran un vino añejo poco común del que sólo tuviera 3 botellas, y su reacción fuera poner el vino a la venta pero diluido con agua para conseguir más botellas. Así puede vender a todos los entusiastas clientes y ganar un dinero sin tener que robarles la cartera.

Probemos con un ejemplo diferente: si el propietario de una compañía de transporte por carretera experimenta una fuerte y repentina demanda por sus servicios, podría decidir posponer el esencial mantenimiento de sus vehículos para aprovecharse de la enorme demanda. Pero durante este periodo cargará un precio mucho más alto de transporte para que le valga la pena desviarse de la manera segura con la que regularmente lleva su negocio. Sólo estará dispuesto a afrontar el riesgo extra (bien a la seguridad de sus conductores o al funcionamiento a largo plazo de sus camiones) si se está viendo compensado por ello.

Esto también es cierto para los bancos. Al igual que cualquier otro negocio que durante una recesión quiere reforzar sus reservas de efectivo, así también sucede con el negocio que alquila reservas de efectivo. Si hay un terremoto, las tiendas que vendan linternas y generadores deberían subir el precio de esos bienes esenciales para asegurarse que son correctamente racionados. Lo mismo se puede decir para la liquidez después de que la gente se da cuenta de que la necesita desesperadamente.

Artículo elaborado por Robert P. Murphy, y publicado originalmente en The Daily Reckoning.

Robert Murphy es profesor de Económicas y autor del libro The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal (Regnery 2009).

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