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La síntesis monstruosa de Venezuela

Las manifestaciones de racismo y xenofobia en Venezuela, no son más que una minúscula muestra gratuita de lo que puede hacer el monstruo social venezolano. Rafael Rincón-Urdaneta, miembro fundador de Libertad y Prosperidad.

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Mi Gran Biblioteca Política de la Estupidez y de la Barbarie, en sus versiones física y electrónica, alberga las más perniciosas ideas de la humanidad y es un solemne monumento al Idiota, inmortal protagonista de la historia. Entre muchos otros documentos, conservo allí panfletos nacionalsocialistas; la enciclopedia Brockhaus, editada y publicada bajo la nefasta influencia del régimen nazi; libros escritos por aduladores del Führer; publicaciones de las SS y de las Hitlerjugend; panfletos de propaganda comunista (todos vomitivos y contraindicados para la integridad física y la salud mental); las obras de Marx publicadas por el Comité Central del Sozialistische Einheitspartei Deutschlands (SED), ex regente de la Alemania Oriental; los libritos de Lenin, tan inservibles para el desarrollo como fundamentales para combatir su peligroso legado; y algunos escritos de autores soviéticos y de sus pares socialistas latinoamericanos, todos divorciados de la sensatez. La tasa de crecimiento de este espacio se ha disparado de manera inquietante con la masiva entrada de literatura "Made in Venezuela".

Tras la acción vandálica que recientemente ejecutara un comando revolucionario de nacionalsocialistas bananeros contra la Sinagoga Tiferet Israel en Caracas, me dirigí, como acostumbro, a la referida colección de obras indecentes. Allí repasé cómo actuaban las salvajes huestes hitlerianas contra la sociedad y cómo se han conducido, en diferentes lugares y momentos históricos, las jaurías de furibundos comunistas.

Esvásticas por aquí, hoces y martillos por allá, con uniforme o sin uniforme, todas las imágenes y relatos son de espanto, náusea y vergüenza. El grupete que violentó la Sinagoga, así como los numerosos colectivos revolucionarios que a diario atacan a la ciudadanía en general, no hacen más que seguir con disciplina una larga tradición de espíritu totalitario. Nada nuevo.

Ahora bien, en estos contextos sociopolíticos de gran depravación, maldad y miseria, se producen hechos que confunden tanto al desprevenido como al ingenuo: ¿Quién no se ha topado con alguna fotografía del Führer entre pequeñines, cual buen padre del Reich que ama intensamente a sus hijos? ¿No adoraba Adolf a Blondie, su fiel perra de raza pastor alemán, sacrificada poco antes de la desaparición de su amo para evitar que cayera en manos soviéticas, según los historiadores? ¿Quién no ha visto imágenes de Stalin junto a jóvenes o niños, sonriente y con cara de buen amigo? ¿No perturba ver al Idi Amin Dada humano coexistente con su otro Yo diabólico en el filme The Last King of Scotland?

Estas amables escenas de tiranos repudiables suelen provocar asombro e indignación. No es fácil aceptar que un bicho tan malo tenga lado humano. Pero estos sentimientos contienen mucho de ingenuidad y bastante más de pasión. Todos los tiranos son humanos. No son demonios ni parientes de Belcebú. No llevan la marca del Anticristo en la cabeza, debajo de la lengua o en algún glúteo. Nunca he escuchado que Stalin ocultara los cuernos debajo de su espesa cabellera. Eso hubiese podido lograrlo cualquiera de los Jackson Five, pero no Stalin.

Tampoco he sabido que a Adolf, en algún momento de descuido, se le escapara la punta de la cola por la bota del pantalón, así como no he tenido noticias de que Fidel mande confeccionar calzados especiales con forma de pata de carnero. Los tiranos no son entes sobrenaturales de inagotable perversidad. Son vulgares terrícolas que, eso sí, ciertamente albergan más y peores sentimientos malsanos que otros mortales y cuentan con poder de convocatoria suficiente para mover masas y materializar atrocidades.

El número de tiranos gobernantes es, por fortuna, infinitamente inferior al de potenciales tiranos. Hitler, Mao, Stalin, Ceaucescu, Castro, Idi Amin Dada, Mugabe y otros son sólo algunos de los millones de mortales con vena criminal, destacados por haber llegado al gobierno de sus países y por su capacidad para hacerse seguir de suficientes idiotas fieles. Ni más ni menos.

Es vital comprender y recordar esto muy bien. Pensar que los tiranos son inmigrantes venidos del Averno, que aparecen en la superficie cada cierto tiempo, nos hace olvidar que estamos rodeados de ellos y que, para poner patas arriba una sociedad y convertirla en un matadero, sólo necesitan sentarse en el trono y, repito, tener a sus pies un buen número, casi siempre inicialmente insignificante, de estúpidos que pongan sus míseras almas y sus manos al servicio de la barbarie. Adicionalmente -prepárense- estos personajes suelen ser víctimas de la peor de las injusticias que contra un príncipe malvado se puede cometer: El endilgarles toda la responsabilidad de cuanta salvajada ha sido perpetrada bajo su comando.

En términos prácticos, es imposible que un déspota, aún el más ruin e infame, cuente por sí sólo con la capacidad operativa suficiente para crear y poner en funcionamiento toda una maquinaria de brutalidad, represión y humillación. No puede hacerlo sin la ayuda de miles o millones de manos ejecutoras, de un público que aplauda vigorosamente el espectáculo macabro y de no pocos tontos y cobardes que se hagan de la vista gorda (tanto dentro como fuera del país… otros gobernantes incluidos), todos cómplices del bicho. El tirano, raras veces o nunca, dispara un tiro o participa personalmente en alguna ejecución, tortura o ataque violento. No. Él habla; habla mucho y manda a los genuflexos alelados que le alaban y sirven.

¿Dónde está entonces el monstruo, el demonio? Está en la síntesis que conjuga al tirano, al verdugo, a los aduladores, a los oportunistas y a los cobardes con toda acción política guiada por ideas hostiles a la libertad. Allí, maloliente, feo e inicuo, está un ser malévolo que supera con creces al tirano, con suerte simple manipulador y director del discurso, pero jamás su único dueño y mucho menos su único alimentador.

Las manifestaciones de racismo y xenofobia en Venezuela, cada día más habituales, no son más que una minúscula muestra gratis de lo que puede hacer el monstruo social venezolano, incapacitado para mover una garra sin el alimento y el ánimo de una significativa parte de la sociedad que, embrutecida, obedece a ideas ridículas y marcha al son del clientelismo político.

No es un sólo fulano el culpable de las tropelías. No es a un sólo mengano que se debe el odio a muerte entre los venezolanos. No es ni será jamás un sola persona capaz de destruir el país sin la ayuda de sus sirvientes directos y, especialmente, de la masa que es pasmosamente estúpida, como bien sabía el detestable pero eficiente Goebbels. Y que no se olvide el papel fundamental de los aduladores y cobardes en éste y otros continentes.

Venezuela está mostrando su faceta más espeluznante, su cara más fea; un rostro repulsivo que amenaza con convertirse en el único si algo no se hace oportunamente. E insisto en que aún el monstruo no ha desatado toda su furia. Así las cosas, miente quien dice que Venezuela es un país maravilloso, bello y tolerante, de gente alegre y hospitalaria. En el Paraíso, los inmigrantes y sus descendientes no son objeto de ataque y humillación. En el Edén no se profanan iglesias y sinagogas (a salvo, parece, están las mezquitas) o se declara la guerra a muerte a un grupo social o político.

Un país medianamente decente no se declara oficialmente xenófobo y racista, con estrella en lugar de esvástica. Y de nada vale jurar por la Santísima Trinidad que todos estos sentimientos nefastos son ajenos a la venezolanidad, pues están allí y la mitad del país, venezolanos más, venezolanos menos, o bien los celebra sin vergüenza alguna o bien se hace la Shakira (ciega, sorda y muda), cuando no está ocupada mirando al suelo y picoteando las migas que caen de la mesa en la que magno banquete se dan los regentes de la Granja.

¿Que hay venezolanos buenos, decentes y trabajadores cuyas almas no están a la venta? ¿Que hay venezolanos dignos que no obedecen a la orden de "Bobby ataca"? ¿Que hay venezolanos que no son parte del monstruo? Sí, seguramente… pero ya veremos cuántos son. Pronto lo veremos y sabremos de qué está hecho "el país más bello del mundo".

Rafael Rincón-Urdaneta, miembro fundador de Libertad y Prosperidad.

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