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La supervivencia del euro

Si consideramos sucesos históricos recientes, como la reunificación de Alemania, nadie, hasta donde sé, se planteó en su momento el coste económico de tal operación aunque éstos, evidentemente, cuentan y, de hecho, pesan aún sobre la economía germana.

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Es un dicho común entre los psicólogos que “recordar sirve para comprender”, y parece que en asuntos de Historia tal actividad debería ser en este momento especialmente obligatoria. Echando un vistazo a las noticias de todos los medios, resalta, diría con angustia, la situación de la economía de la eurozona. Son puntos casi obligados en todo noticiario, el nivel del spread o diferencial de los bonos de los PIIGS en relación al bono alemán y la crisis del sistema financiero de turno y, por ende, del euro.

 

De ahí se siguen las consideraciones del efecto dominó que produciría la quiebra sistemática y secuencial de Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, que conduciría, según la prensa, al derrumbe, más que caída, del resto de países de la zona euro y, como consecuencia, al desmoronamiento y desmembramiento de la UE.

 

Debo confesar una vez más que no entiendo bien esta idea que tiene parte de razón, pero que establece torcidamente una relación entre dos escenarios: uno, el proyecto político de la UE de largo alcance; y dos, el de las dificultades económicas de adaptación de los países a las normas del euro. Es posible que si una familia pasa por dificultades económicas sus miembros se separen en busca de un futuro mejor, pero no es la obligada conclusión del silogismo.

 

Si consideramos sucesos históricos recientes, como la reunificación de Alemania, nadie, hasta donde sé, se planteó en su momento el coste económico de tal operación aunque éstos, evidentemente, cuentan y, de hecho, pesan aún sobre la economía germana. Y eso que había elementos muy claros a contabilizar, tales como diferentes niveles de renta y tamaño de las poblaciones a unificar, servicios a suministrar, dotación de infraestructuras, etc.

 

Pero, aún con todo, no recuerdo un sólo cálculo o que alguien dijera “no hagamos esto porque no irá bien; no funcionará; Alemania se arruinará”. La economía vino subordinada a la política. En esta línea se expresa Angela Merkel, quien señaló en relación a los planes de rescate de los bancos que “es un asunto que tiene que ver con la primacía de la política […] (y) […] los límites de los mercados”.

 

Dentro de la historia reciente hay otro suceso similar a la construcción de un estado, o más bien su contrario, la secesión, como fue la Guerra Civil Americana, de la que Paul Johnson indicó en su Historia del Pueblo Americano lo siguiente:

 

For America… its people forged together by a forgotten process in the darkness of prehistory, emerging from it already a nation… It was rather an artificial state or series of states, bound together by negotiated agreements and compacts, charters and covenants. It was made by bits of parchment, breed by lawyers".

 

Algo así es hoy en día la UE. “Un estado artificial o serie de estados, unidos por acuerdos y convenios, permisos y contratos. Hecho de trozos de papel, gestado por abogados”. La decisión política debe sostenerse con posterioridad por la actividad económica. Es decir, la reunificación de Alemania exigió y exige del pueblo alemán una actividad económica creciente y sostenida con la que financiar el proceso de integración.

 

En cierto sentido, este proceso es parecido al mundo empresarial, cuando se amplía un negocio mediante la compra o absorción de otro. Se financia con los menores costes por las economías de escala globales, pero es decisivo el ulterior crecimiento de la actividad. Por lo tanto, a lo que se enfrenta la UE es a la extensión de un modelo, no sólo relativo al de los derechos sociales (Estado de Bienestar), sino al de financiar el mismo en un mundo con una economía global y fuertes tensiones. El elemento básico del crecimiento económico es la ganancia de productividad (output por unidad), y eso no se consigue sólo con medidas tecnológicas sino también, y fundamentalmente, por la eliminación de barreras. Barreras de todo tipo.

 

Además, de forma análoga, Paul Johnson explica que entre 1816 y 1821 se crearon en Estados Unidos seis nuevos estados como resultado de la expansión económica y la crisis bancaria de 1819. “The US was already creating for itself a reputation for massive borrowing against its limiteless future” (los EEUU se estaban creando una reputación de precisar fondos masivamente para un futuro ilimitado).

 

Por tanto, el elemento básico que sustentará la expansión política es el crecimiento económico. No hay que endeudarse, es decir, hay que ser disciplinado en las cuentas y hay que ganar productividad usando el ahorro para ello, tal y como hizo Robinson Crusoe. Atesoró comida para poder comer aquellos días que no podía recoger frutos y los dedicó a fabricar una vara que le permitiera alcanzar aquellos frutos que estaban lejanos.

 

Los historiadores modernos, como Braudel y Maier, cuentan la Historia no como una colección de acontecimientos de orden político sino con una visión socio económica, pues se han dado cuenta de que uno de los motores de la civilización es que la economía funcione, y en particular, la productividad. Apliquemos la Ley de Asociación de Ricardo, dejemos que cada uno haga lo que hace bien y adoptemos la norma más eficiente como estándar.

 

El problema no es la financiación puntual de los déficits debido al proceso integrador. Lo es la financiación sostenida del mismo, es decir, que las partes se acostumbren a lo que no pueden sostener. La Escuela Austríaca define coste como “aquello a lo que es preciso renunciar para alcanzar el objetivo deseado, constituye el precio pagado por éste”. Éste es el coste de construcción de la UE, la renuncia de los países a hacer su voluntad.

 

No puede cada país comportarse como si sólo estuviera en la UE para recibir, sino que debe hacerlo con la mente puesta a largo plazo, en la cual aporta a la estructura común a través de su renuncia soberana a determinados aspectos. Es lo más lejano a un político, pero lo más cercano a un estadista. Evidentemente, esto exige un largo y cuidado proceso educativo. No podemos negociar en nombre del bien común el reparto interesado de lo cosechado, ya que es común.

 

Por último, EEUU necesita un reflejo al otro lado del Atlántico como la UE. No se concibe EEUU sin Europa. La desaparición del euro es lo último que interesa a la potencia norteamericana. Federer necesita a Nadal y éste a Federer, ya que ambos se hacen mejores. La UE saldrá de ésta si explica e impone esta política, con la economía como instrumento, pero con la política como guía. Los participantes deben de conocer el motivo de las renuncias.

 

Artículo elaborado por Juan Luis Valderrábano López.

Doctorando de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos.

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