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Lo que se ve y lo que no se ve

Roosevelt todavía es celebrado por sus medidas generadoras de empleo. Sin embargo, para pagar las obras públicas el gobierno succionaba buena parte del capital disponible mediante la venta de bonos y la recolección de impuestos. Larissa Price.

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Barack Obama dice que su Plan de Reinversión y Recuperación Americana (American Recovery and Reinvestment Plan) podría salvar o crear entre tres y cuatro millones de empleos americanos hacia 2010. Muchos de estos trabajos propuestos -construir o reparar carreteras, puentes, y edificios- recuerdan al New Deal (programa de estímulos gubernamentales de la Administración Roosevelt durante los años 30 para salir de la Gran Depresión).

Por supuesto, hay un giro moderno, con la promesa de desarrollar “fuentes de energía alternativas” como los parques eólicos, los paneles solares, coches eléctricos, etc. “Los trabajos que creemos serán en grandes y pequeños negocios a lo largo de un amplio abanico de industrias”, prometió Obama, “y serán unos trabajos que no solo pongan a la gente a trabajar en el corto plazo, sino que posicionarán nuestra economía para liderar el mundo en el largo plazo”.

Primero, uno podría preguntar: ¿cómo puede Obama y sus consejeros económicos saber qué tipos de trabajos posicionarán nuestra economía a “liderar el mundo” en el largo plazo? En efecto, ¿cómo podemos esperar que alguien sepa qué tipos de empleos podrán ofrecer tal garantía de riqueza y seguridad, considerando la enorme complejidad de nuestro mundo?

Miles de millones de individuos están tomando decisiones constantemente basados en sus propias expectativas sobre el futuro. Los cambios ideológicos potenciales, con los inevitables cambios sobre la política de financiación y apoyo que conllevan, todavía complican más estos asuntos. Y esto sin tener en cuenta los avances tecnológicos que pueden convertir el mejor de los planes centrales en totales fracasos.

Es poco lo que un individuo o grupo puede saber en lo que respecta a conocer o predecir el futuro, particularmente en una escala tan grande como son entre tres y cuatro millones de trabajos.

Sin embargo, asumiendo que Obama y sus consejeros están en lo cierto -que su plan realmente salvará o creará tantos empleos- ¿qué pruebas tenemos de que estaremos mejor que si no se hubiera implementado el plan de estímulo?

En su ensayo Lo que se ve y lo que no se ve, el economista francés liberal Frédéric Bastiat explicó que hay una tendencia a reconocer solo las consecuencias previstas de una acción (lo que se ve). Sin embargo, hay frecuentemente otras, efectos subsiguientes que no son percibidos como consecuencia directa de la acción (lo que no se ve). Además, los efectos de corto plazo de una acción pueden en ocasiones ser diferentes de las consecuencias de largo plazo que no se ven.

En el caso de los empleos públicos, Bastiat explicó que el gobierno no produce nada de manera independiente a los recursos y trabajo que desvía de los usos privados. Cuando el gobierno pide prestado dinero para crear empleos, lo que inmediatamente se ve son personas empleadas y los frutos de su trabajo. Sin embargo, lo que generalmente no se considera son las muchas cosas que podrían haberse producido si el capital no se hubiera quitado del sector privado para financiar los programas del gobierno.

Tales políticas necesariamente benefician a algunos (los trabajadores beneficiados) a expensas de otros (aquellos que hubieran tenido los empleos que no fueron creados), y eventualmente perjudican a los contribuyentes, quienes tienen que repagar la deuda.

Lo que se ve

Los proyectos de infraestructuras que se llevaron a cabo en el New Deal proporcionaron amplias evidencias de la teoría de Bastiat. Los políticos no solo fracasaron en ayudar a la economía en salir de la Gran Depresión, sino que también hicieron que ésta fuera más severa y larga.

Primero, muchos de los trabajos creados bajo las medidas de la Administración de Franklin Delano Roosevelt (FDR) beneficiaron a pocos más aparte de aquellos empleados en cosas como estudiar la historia de los imperdibles, recoger contribuciones para la campaña de los candidatos del Partido Demócrata, persiguiendo plantas rodadoras por el desierto, o catalogando 350 maneras diferentes de cocinar las espinacas. (Véase el artículo de Lawrence Reed titulado “Great myths of the Great Depression”).

Además, buena parte de la “creación de empleo” iba dirigida según preferencias políticas y no de acuerdo a donde fueran más necesitados. Por ejemplo, una cantidad desproporcionada de la ayuda pública fue a parar a los “estados indecisos” del oeste, que se esperaban pudieran ayudar a Roosevelt a ganar votos para las elecciones futuras, y no a los estados más pobres, como los del sur, que ya eran sólidamente demócratas en este periodo.

El gasto en subsidios y obras públicas también pareció incrementarse inquietantemente durante los años de elecciones, y se ha mostrado que los votos para FDR se correlacionaron estrechamente con los empleos y otros beneficios gubernamentales especiales otorgados. (Véase el libro de Burton Folsom “New Deal or Raw Deal? How FDR’s Economic Legacy Has Damaged America”).

Lo que no se ve

Los proyectos de creación de empleo del New Deal también afectaron negativamente a la productividad al desanimar a las empresas privadas a adoptar nuevas tecnologías. Un excelente ejemplo es el de una granja gubernamental en Arizona donde un equipo de lecheros descubrió que podrían obtener beneficios usando máquinas para ordeñar a las vacas, en vez de ordeñar a mano, y así eliminar algunos puestos de trabajo.

Pero eso habría violado los términos de un préstamo del gobierno. Así que las máquinas no se pusieron en marcha, y los miembros de la granja que hicieron esa sugerencia fueron despedidos. (Amity Shlaes cuenta la historia en “The New Deal Jobs Myth.”).

Roosevelt todavía es celebrado por sus medidas generadoras de empleo porque la gente que obtuvo puestos de trabajo es fácilmente visible. Sin embargo, lo que no se reconocía (ni se sigue reconociendo) tan fácilmente es que para pagar estos experimentos de obras públicas el gobierno succionaba buena parte del capital disponible mediante la venta de bonos y la recolección de impuestos, incluyendo una retención de impuesto del 5% sobre los dividendos corporativos, y unos impuestos sobre los ingresos que no paraban de crecer. La tasa impositiva al tramo de ingresos más altos llegó a alcanzar un asombroso 90%.

Así el New Deal tuvo la consecuencia imprevista de prolongar la Gran Depresión mediante el desvío de recursos que podrían haber sido usados para crear riqueza.

Barack Obama y sus consejeros deberían aprender una lección de la historia. El New Deal, con sus proyectos de obras públicas fue un desastre, y sería una actitud negligente pensar que deberían intentarlo de nuevo. Como Bastiat explicó, el gobierno no crea riqueza; solo la distribuye.

Cuando el gobierno controla la riqueza, ello inevitablemente tiende a servir a fines políticos en vez de a consumidores. Las políticas del New Deal de FDR son una prueba de ello, y si se repiten como respuesta a nuestra presente crisis económica, solo se dificultará la recuperación. 

Artículo elaborado por Larissa Price, estudiante de Derecho en la George Mason University (Estados Unidos). Originalmente publicado por la revista The Freeman. Ideas On Liberty, Vol. 59/ no. 6, de la Foundation for Economic Education.

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