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Los recursos ociosos no eliminan la amenaza de inflación

Uno de los pecados más graves de la economía moderna es su tendencia a tratar los recursos, tanto el capital como el trabajo, como agregados esencialmente homogéneos.

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El capital es más o menos intercambiable por otros tipos de capital, y el trabajo se trata de forma similar. Una razón de esto es que tal homogeneidad y agregación hace que los modelos matemáticos que usan los economistas de la corriente dominante sean más manejables, además de facilitar el uso de estudios econométricos (utilizados para evaluar la bondad y conveniencia de los modelos a partir de cuantiosos datos). Pero estos supuestos pueden conducir a errores conceptuales importantes para la política económica.

Por ejemplo, uno de los argumentos que se está repitiendo estos días es que no tenemos que preocuparnos por la inflación, debido a la gran cantidad de recursos que actualmente están ociosos. Se argumenta que los elevados niveles de desempleo y de maquinaria ociosa (y el número creciente de personas que están dejando la fuerza laboral por completo) evitarán que cualquier aumento en el gasto genere una inflación de precios.

La idea es que si la demanda sube, los recursos ociosos volverán a estar disponibles para la producción, sin generar ninguna presión alcista en los precios. Dicho en el lenguaje de la economía, solo hará falta llevar a cabo ajustes en cantidades, no en precios.

El problema con este razonamiento es que asume que el trabajo y el capital ociosos serán igualmente productivos independientemente de cuál sea el tipo de gasto adicional que tenga lugar. Se trata a los recursos como un montón de barro que puede tomar cualquier forma necesaria para producir los bienes demandados por el aumento del gasto. El problema es que los recursos no son como el barro.

Tanto las personas como las máquinas son más productivas en unas cosas que en otras e, incluso, pueden llegar a ser totalmente improductivas dependiendo de su uso particular. Sólo si el aumento del gasto lleva a una mayor demanda de los bienes y servicios que los recursos ociosos son perfectamente capaces de producir la inflación será baja o nula.

En el grado en que el gasto sea en productos en los que ya hay trabajo y capital empleados para producir, entonces las empresas empezarán a pujar por esos recursos con el fin de obtenerlos y sacarlos de sus actuales usos. Esto sólo puede hacerse con precios y salarios más altos, dado que los recursos ociosos no son un sustituto cercano para ellos. El resultado será precios y costes en ascenso, o lo que es lo mismo, inflación.

En el complejo mundo del siglo XXI, el trabajo y el capital tienden a estar incluso más especializados (es decir, que cada recurso tiene un uso cada vez más específico y estrecho) que en el pasado, lo que sugiere que es muy difícil que el aumento del gasto de los consumidores coincida en los bienes y servicios para los cuales los sectores productivos tengan las destrezas y productividades adecuadas.

Así, incluso con recursos ociosos, hay razones para temer que la gran acumulación de reservas bancarias debido a la política monetaria expansiva pueda llevar a una inflación de precios. Lo que dijo el premio Nobel F. A. Hayek hace casi 80 años sobre John Maynard Keynes sigue siendo válido hoy: "Los agregados ocultan los mecanismos más importantes del cambio".

Artículo elaborado por Steven Horwitz, y publicado originalmente en el blog del Nightly Business Report de la PBS. Horwitz es profesor de Economía en St. Lawrence University, Nueva York, y autor deMicro-foundations and Macroeconomics: An Austrian Perspective and Monetary Evolution, Free Banking, and Economic Order.

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