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Pintan bastos para el Tesoro

La situación de la Deuda Pública en España es complicada. Somos percibidos como un país arriesgado y tenemos que competir con la deuda que emitirán otros países mejor considerados para financiar sus respectivos paquetes de rescate. J. Berdugo.

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Poco tiempo después de que todos los líderes políticos mundiales se cayeran del guindo, unos más que otros, y se dieran cuenta de que la crisis es profunda y la recuperación será complicada y larga, empezaron a surgir los planes de rescate, los planes de confianza, las ayudas fiscales, las subvenciones y un sinfín de dispendios con cargo al erario público.

En tales circunstancias hubo quien, siendo muy atrevido, se atrevió a criticar el nuevo orden mundial diciendo que los planes de hoy los pagarán nuestros hijos. Incluso, en el Reino Unido, los conservadores publicaron un anuncio en todos los periódicos y vallas publicitarias. Fueron tildados de antipatriotas, insolidarios, o de ser los causantes de la crisis y de otros males. Sin embargo, quienes adoptaron tan temeraria actitud, tenían razón.

En los últimos meses se han puesto en marcha planes de rescate en los principales países del mundo que podrían cubrir el presupuesto de España varias veces. Una de las maneras más objetivas de medir cuáles van a ser las consecuencias es a través de la Deuda Pública.

En este escenario, hay que distinguir cuatro tipos de emisiones de carácter público: las de los Estados, las de las agencias financieras estatales (como el ICO), las de las entidades regionales y locales, y, éste es nuevo, la deuda emitida por las entidades financieras y avalada por el Estado. Empezaremos pues por ver qué ha pasado y qué es previsible que pase con la deuda pública del Estado, del Reino de España.

La crisis ha traído consigo una nueva percepción de España. En los mercados financieros se ve a nuestro país, y esto se refleja en el precio que tiene que pagar el Estado por la Deuda Pública, como un sinónimo de riesgo.

Una de las maneras de medirlo es a través del rating o calificación crediticia. España logró en hace no muchos años alcanzar el máximo nivel que las agencias internacionales otorgan a la deuda. Sin embargo. hace unos meses este nivel ha sido rebajado por Standard & Poor’s, una de las más prestigiosas entidades.

Otro modo de calibrar la percepción del riesgo España es viendo la evolución de la diferencia entre el bono alemán a diez años y el español al mismo plazo. En 2004 esa diferencia era cero. Es decir, un bono español tenía la misma consideración que uno alemán. En junio del año pasado esa diferencia ya era de 26 puntos básicos. El pasado viernes, 24 de abril, esa diferencia se había incrementado hasta los 78 puntos básicos, se había multiplicado por tres en sólo 10 meses.

Mayor riesgo país de España


Una tercera manera de ver cómo se ha visto perjudicada la condición de nuestras finanzas públicas es a través del precio pagado por las nuevas emisiones de Deuda Pública. El Reino de España, emite gran parte de su deuda a través de subastas periódicas pero, de vez en cuando, se emite un bono nuevo directamente a inversores institucionales.

Este año, España ha emitido un bono de estas características. Se trató de un bono con vencimiento en 2019 por un total de 7.000 millones de euros y que se colocó a mid swap, la referencia utilizada en los mercados para poder comparar las emisiones de deuda, más 90 puntos básicos. Hasta aquí, no tiene un significado especialmente relevante, pero si lo comparamos con el bono que, también a 10 años, emitió Bélgica tan sólo dos semanas antes, la cosa cambia.

Bélgica tiene peor calificación crediticia, ha tenido que rescatar con fondos públicos a sus tres bancos más importantes (ING, Fortis y Dexia) y debería tener una imagen en los mercados peor que la española. Pues bien, no ha sido así. Ese bono pagó 40 puntos básicos menos. Si el bono español hubiera pagado lo mismo, el Estado se habría ahorrado veintiocho millones de euros al año durante los próximos diez.

Dejando a un lado, la Deuda Pública, podemos fijarnos en la situación del ICO, la agencia financiera española. El banco del Estado se encuentra en una situación muy similar a la del Estado, es decir paga mucho más de lo que pagan otros países de nuestro entorno, igualmente afectados por la crisis.

En este caso se da una curiosidad. A principios de año, cualquier analista de mercado habría dicho que este año el ICO tendría que endeudarse a niveles récord como consecuencia de los programas de pymes, de autónomos, de ayuda a los ayuntamientos, etcétera, que se han puesto en marcha. Sin embargo, sólo ha emitido un bono nuevo, en enero, y no tiene pinta de que vaya a emitir mucho más. Ninguno de esos programas está siendo aplicados porque los bancos no prestan ni con la garantía del ICO.

Si bajamos al nivel de las comunidades autónomas, los efectos de la crisis también se han dejado sentir. Al comenzar el año, el Gobierno autorizó a los ejecutivos autonómicos a llevar a cabo un endeudamiento extraordinario, tal y como autoriza la legislación de estabilidad presupuestaria en este tipo de casos.

De esta posibilidad se han aprovechado gran parte de las regiones españolas. Unas, mediante la emisión de bonos, y otras, que no han podido acceder a los anteriores, mediante préstamos. Pero todas han tenido que pagar un precio también extraordinario. El primero en emitir fue la Junta de Andalucía, que pagó por un bono a tres años lo mismo que Quebec (que tiene el mismo rating) por un bono a diez años. Tras la Junta, vinieron Cataluña, tres veces, Valencia, dos veces, Madrid, y, ayer mismo, la Junta de Castilla y León, que ha emitido trescientos millones de euros en deuda nueva.

La situación de los mercados financieros, unida a las penurias financieras, ha provocado situaciones de verdadero pánico. Una de las comunidades que ha lanzado bonos este año ha roto los esquemas del juego pagando por su deuda mucho más de lo que le hubiera correspondido por el temor a no lograr el montante deseado. Esta actitud ha provocado que las demás comunidades hayan tenido que subir las rentabilidades de sus bonos para atraer el interés de los inversores.

Las CCAA se apuntan a la emisión de deuda

Caso aparte, por supuesto, es el de los ayuntamientos. Éstos se han quedado fuera de la rueda de los mercados de deuda por su precaria situación financiera que les impide incluso hacer frente a los pagos habituales de funcionamiento. El caso más paradigmático es el del Ayuntamiento de Madrid, que con un déficit de 1.200 millones de euros y bajo la supervisión del Ministerio de Economía y Hacienda se encuentra en una situación complicada. Si bien no es la situación más grave. Cualquier ayuntamiento se encuentra en una situación similar, si no peor.

Para terminar, hay que meter dentro del saco de la deuda del sector público a la que están emitiendo las entidades financieras españolas con el aval del Estado. La primera en abrir este nuevo mercado fue La Caixa, a esta le siguieron Caja Madrid y el Banco Popular sólo unos días después. El precio que pagaron refleja una vez más la sensación de riesgo que provoca la palabra España, y más aún en el caso de las cajas, entre los inversores.

Como ejemplo, estas entidades tuvieron que pagar poco menos que Dexia, entidad que ha tenido que ser soportada por los gobiernos de Francia, Bélgica y Francia para sobrevivir. Es cierto que las entidades españolas son de las que menos han pagado, comparadas con las de otros países, con respecto a los bonos soberanos, pero también las que menos interés ha generado en los inversores extranjeros.

La realidad es que la situación de la Deuda Pública en España es complicada. Somos percibidos como un país arriesgado, todos los analistas coinciden en que aquí la crisis será más larga que en el resto de países avanzados, y sin olvidar que tenemos que financiar un déficit público, tanto del Estado como de las comunidades autónomas y ayuntamientos, que es difícil de prever, sobre todo teniendo en cuenta la errática política de gasto público.

Además de esta situación, ya de por sí preocupante, tenemos que competir con la deuda que emitirán otros países mejor considerados para financiar sus respectivos paquetes de rescate. Poniéndonos en la mentalidad de un inversor, si buscamos poco riesgo no compramos deuda española porque la alemana es menos arriesgada, aunque si buscamos rentabilidad elevada no compramos la deuda del Estado porque la de las entidades financieras es igual de segura (o más) y bastante más rentable. Así que parece que pintan bastos para el Tesoro, que es quién más sufrirá la situación.

J. Berdugo, analista financiero.

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