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Ironías globalifóbicas

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Los enemigos de la globalización, luego de haber perfeccionado sus protestas y manifestaciones alrededor del mundo, ahora buscan globalizar su cabildeo. Siendo hijos de la globalización, quieren negársela a todos los demás.
 
Es realmente irónico que los más ardientes críticos de las marcas y de los logotipos de las empresas multinacionales ahora utilizan al Che Guevara y a Naomi Klein –autora de “No logo”- como logotipos en sus protestas contra la globalización.
 
Los líderes del movimiento contra la globalización han perfeccionado la utilización de las más modernas tecnologías de la comunicación para extender su red internacional, pero no quieren que tales tecnologías lleguen a las masas. Dicen representar a cientos de millones de pobres alrededor del mundo, pero no logran ser elegidos a ningún cargo. Son maestros en mercadeo y en atraer la atención, sin embargo se empeñan en restringir el mercado. Exigen poder, pero buscan restringir la libertad de elegir a la gente, especialmente a los más pobres. Utilizan millones de dólares en donaciones, pero se oponen a que nadie más tenga acceso a capital. Están en contra de las ganancias y, sin embargo, han perfeccionado el arte de generar ganancias de la nada.
 
Esta gente ignora el hecho que la pobreza es causada por insuficiente intercambio comercial, no por el exceso de éste. Hablan de “sustentabilidad”, mientras sus proyectos son totalmente “sostenidos” por otros. Dicen querer preservar y proteger el medio ambiente, pero rechazan que los recursos naturales sean expuestos a la disciplina del mercado. Despotrican contra la posibilidad de animales en peligro de extinción, pero no se dan cuenta que los únicos animales que jamás están en peligro de extinción son aquellos que el comercio los ofrece para alimentos y otros usos. Su verdadero temor es que en la medida que mejora el nivel de vida de la gente, mejora también el ambiente y se cuidan más a los animales, con lo cual los verdes y los globalifóbicos estarán en verdadero peligro de extinción.
 
Ellos ignoran que la mejor manera de proteger a los pobres es respetando sus derechos de propiedad. Los pobres tienen más activos en sus manos esperando poder ser utilizados como capital que toda la ayuda internacional de los últimos 50 años.
 
Los activistas quieren imponer la agricultura orgánica y así impedir los adelantos de la tecnología moderna. Quieren negarles a los agricultores la libertad de escoger el método más conveniente en aumentar sus cosechas, con lo cual pronto desaparecerían los agricultores más pobres y con las tierras menos fértiles.
 
Hablan de aumentar la ingerencia del gobierno en la educación y la salud, sin tomar en cuenta que ha sido la intervención gubernamental lo que ha restringido el acceso de los pobres a servicios básicos como la educación, al imposibilitar la inversión privada en esos sectores.
 
Estos activistas son los nuevos colonizadores a quienes no les importa obtener ganancias de la pobreza y la opresión. Mientras más pobreza e ignorancia haya, más efectivos serán sus mensajes asustando a la gente. Y a los pobres los ven con desdén y sin derecho a tomar sus propias decisiones.
 
La suprema ironía es que los globalifóbicos no respetan las libertades y derechos de los demás, pero sí se creen con el derecho de impedir con sus protestas que la gente haga y consuma lo que quiera y lo que más le convenga.
 
© AIPE
Barun Mitra, director del Instituto Libertad, Nueva Delhi, India.
 

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