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El Sumo Sacerdote es humano

Jobs puede ser el Creador, el Salvador y el Profeta, pero es al fin y al cabo sólo un ser humano. Y está enfermo. Aunque seguirá en espíritu, no estará presente en el Vaticano del número 1 de la calle Infinite Loop.

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Apple es mucho más que una empresa tecnológica, y mucho más que una marca. Apple es una religión, el "culto de Apple". Sus seguidores se tatúan la sagrada manzana, comulgan con sus sagrados productos y evitan pecar contaminándose con el uso de productos impíos de Microsoft. 

Las guerras de religión, tal vez por la influencia zen del culto, no han llegado al enfrentamiento físico y se limitan a encarnizados debates cada vez que un infiel osa negar la infinita superioridad de Apple frente a Windows o Linux. Como toda religión tiene sus templos, las tiendas Apple en las que todo lo simple, lo elegante y lo bello se hace real y en las que los fieles pueden contemplar como será el paraíso.

Cada año, en enero, el Sumo Pontífice Steve Jobs anuncia a los fieles la Buena Nueva: iPhone, iPod, MacBook Air... Y es que Jobs no sólo tiene el título de Sumo Pontífice del culto de Apple, sino también el de Profeta de las Buenas Noticias, el de Creador y el de Salvador. 

Jobs fue quien creó la empresa de la Nada. A su imagen y semejanza la creó, pero los suyos no le reconocieron, y le obligaron a salir a la tiniebla exterior, donde es el llanto y el rechinar de dientes. Durante diez años Apple adoró a falsos profetas, y cayó en el pecado y la abominación y estuvo a punto de ser destruida por sus enemigos.

Pero Jobs regresó victorioso y llevó a sus fieles a la tierra prometida. Y aquellos que se burlaban quedaron maravillados del poder de Apple. Y venció no sólo una vez, sino tres veces. En el sector del PC, en el de la música y en el de los teléfonos móviles.

Pero este año la Gran Ceremonia MacWorld no ha sido igual. Por primera vez desde la segunda venida de Jobs, él no ha estado allí para hacer llega Su Mensaje a sus seguidores. No ha habido una profecía maravillosa.

Y es que Jobs puede ser el Creador, el Salvador y el Profeta, pero es al fin y al cabo sólo un ser humano. Y está enfermo. Aunque seguirá en espíritu, no estará presente en el Vaticano del número 1 de la calle Infinite Loop. 

Sus fieles confían en que quien fue capaz de vencer a un cáncer de páncreas pueda vencer también a esta enfermedad y regresar de nuevo a la dirección de Apple. Ojalá sea así, por él y por el bien que ha hecho a millones de consumidores en todo el mundo. Pero alguna vez tendrá que retirarse, y Apple no podrá ser la misma empresa, capaz de crear no sólo consumidores fieles, sino seguidores de un culto.
Borja Prieto es autor del blog Desencadenado.

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