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Problemas en la Casa Blanca

La ventaja de tener a un vicepresidente con ambiciones propias es que se trata del único funcionario en la Casa Blanca capaz de resistirse al ambiente de lisonjas y adulación que rodea al presidente.

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Cada día se hace más evidente que el Partido Republicano encara graves problemas con las elecciones de 2008. Suele suceder que el candidato presidencial que encabeza las encuestas es aceptado por la mayoría de los republicanos, pero ese no es el caso en la actualidad. Todo está por verse y no es posible predecir quién será designado en las primarias del partido.

Lo que sí podemos predecir es que muchos republicanos no estarán satisfechos con el escogido, cualquiera que sea, porque ninguno parece tener la capacidad de unificar al partido tras su candidatura ni provocar el entusiasmo necesario para ganar unas elecciones presidenciales.

Por el contrario, sí creo que los demócratas se unirán en respaldo de su propio candidato, cualquiera que sea. Han estado fuera de la Casa Blanca mucho tiempo y están listos para regresar, además de que históricamente es muy poco probable que gestionen mal tres campañas electorales seguidas.  

Algo que hubiera cambiado todo el panorama es que los republicanos contaran con un vicepresidente candidato a ser presidente. Al menos sería el favorito de los republicanos y aunque su elección no estaría asegurada, sería una ventaja. Por ejemplo, es muy dudoso que Bush padre hubiera sido elegido en 1988 sin ser vicepresidente.

Que los republicanos no cuenten con un vicepresidente candidato en 2008 es culpa del presidente Bush. En 2004 decidió que prefería un vicepresidente que no cuestionara nada de lo que hacía y en su entrevista del 12 de febrero de este año en C-SPAN dijo claramente: “Desde mi perspectiva, no es favorable tener a un vicepresidente candidato a presidente diciendo: ‘bueno, yo no lo hubiera hecho exactamente de esa manera’. En otras palabras, existiría la tendencia del candidato a distanciarse en momentos difíciles, como los actuales.”  

La mayoría de los presidentes de Estados Unidos no han pensado así. Frecuentemente, más bien han preferido tener un vicepresidente que heredara el cargo, continuara las mismas políticas y protegiera su gente de represalias por parte de un presidente de otro partido. Pero Bush en cambio ha sentido la necesidad de tener un vicepresidente que defienda ciegamente todas sus decisiones.

La ventaja de tener a un vicepresidente con ambiciones propias es que se trata del único funcionario en la Casa Blanca capaz de resistirse al ambiente de lisonjas y adulación que rodea al presidente. Eso es importante porque el presidente está rodeado de gente que le debe el cargo y el poder que ejercen.

Por el contrario, en el segundo período, el vicepresidente no puede ser despedido y sus propias ambiciones lo animan a instrumentar políticas y a tomar posiciones con respaldo popular. El presidente no puede aspirar a un tercer período y sin un vicepresidente con aspiraciones presidenciales, la Casa Blanca puede darle totalmente la espalda al electorado.

Esta es la razón por la que pienso que la falta de ambición presidencial del vicepresidente Dick Chenney ha sido una desventaja, en lugar de resultar favorable. Y eso ha fomentado el aislamiento del presidente Bush tanto del país como de su propio partido.

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