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Crónicas de Cataluña

Tenemos un presidente que no pretendía serlo, dispuesto a desafiar al Estado, a saltarse las leyes democráticas y a situarse por encima de la Justicia.

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Josep Pla escribió con pasión y preocupación la crónica parlamentaria unos años cruciales para la historia de España.

En una de sus crónicas, y en un arrebato de sinceridad, afirmó que el seny "no ha existido jamás", ese rasgo que algunos creen incuestionable del carácter colectivo de los catalanes solo es una construcción social imaginaria que los independentistas han utilizado hasta la náusea para ponerla en contraste con los demás. La prueba es que, después de tres meses y tras un rocambolesco periplo, el Parlamento de Cataluña ha elegido un presidente cuyo único cometido es gobernar al margen de la ley, de los límites democráticos y de espaldas a la mayoría de los catalanes.

Si Pla hubiera podido escribir la crónica de estos días, diría que los nacionalistas, que han hecho del principio democrático el principal argumento de su causa, lo usan únicamente como una ficción ideológica con la que embaucar a sus votantes, a los que no importa engañar si después resulta necesario corregir con negociaciones aquello que los votos les han negado en las urnas. Por eso había que negociar hasta la extenuación, para evitar el autogol y evitar el fracaso evidente que suponían unas nuevas elecciones, que seguro iban a volver a perder.

Cuentan que, tras la enmarañada asamblea de la CUP, acabó ganando el sí a la investidura de Mas por un puñado de votos, pero alguna de sus dirigentes obligó a adulterar el resultado hasta el falso empate, facilitando así unas nuevas elecciones en las que la CUP concurriría en coalición con Podemos y Barcelona en Común, aglutinando a toda la izquierda independentista.

La evidencia de que el asamblearismo es un desastre, la manipulación de los resultados en la asamblea de la CUP, el perjuicio que tres meses de negociaciones inútiles han provocado al procés y las graves desavenencias y descalificaciones entre dos fuerzas políticas antagónicas en su origen ideológico y su base social han sido el arma que ha permitido a Mas doblegar a la CUP, incapaz de justificar la humillación que supone que, después de sus procesos asamblearios y de hacer alarde de una notable soberbia, el resultado sea dos tránsfugas y la amplia renovación de su grupo parlamentario, que incluirá, sin duda, a varias de sus portavoces. Pero lo que verdaderamente expresa su desprecio por el más mínimo principio democrático es que el pacto incluye la prohibición expresa de hacer oposición, imponiendo una mordaza política y aplicando un cordón sanitario propio de regímenes totalitarios.

El resultado es un presidente que no pretendía serlo, dispuesto a desafiar al Estado, a saltarse las leyes democráticas y a situarse por encima de la Justicia.

Decía Josep Pla que el seny catalán "no ha existido jamás", y, en medio de la locura en la que se ha convertido la política en Cataluña, hay que seguir luchando y alzar la voz para recuperar la cordura, la sensatez y el diálogo; porque, como también nos recordaba el cronista, "el catalanismo no se puede desvincular de España", y eso es bueno recordarlo.


Carina Mejías, presidenta del Grupo Municipal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona.

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