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Carlos Alberto Montaner

Estafas del Gobierno

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Según un furioso diplomático europeo acreditado en La Habana, el Gobierno cubano auspicia –por lo menos— dos formas de estafar a los turistas extranjeros que llegan a la Isla con ánimo de adquirir gangas artísticas. La primera es la falsificación de pintura. Casi todos los lam, amelia peláez, portocarreros, ponce y carlos enríquez que se venden allí, son póstumos. Los pintan unos hábiles copistas que han llegado a dominar la técnica de los desaparecidos maestros cubanos. Son tan buenos que, a veces, piden cuadros para restaurarlos y devuelven una copia. Así le ocurrió a Dulce María Loynaz: un cambalache que la ilustre escritora, ya muy anciana –fallecida hace poco—, no pudo descubrir.

La otra forma de estafa son los muebles antiguos. Al observar que existen muchos compradores de gangas ávidos de explotar la miseria infinita de los cubanos, algunos pícaros anticuarios españoles, de común acuerdo con las autoridades cubanas, embarcan trastos viejos desde España a La Habana, y allí se los revenden a los turistas, muchas veces a los propios españoles.
¿Quién está detrás de estas estafas? Lamentablemente, señala el diplomático, está Eusebio Leal, uno de los más competentes funcionarios del castrismo y el único que puede exhibir una obra realmente conveniente para la sociedad: la restauración de La Habana Vieja frente a la incuria del castrismo. Hace mal el señor Leal en manchar su buen nombre. Cuando Cuba sea libre y se inicie la transición hacia la democracia y la economía de mercado, él podría jugar un papel destacado. Pero, para ello, debería alejarse de este tipo de práctica delictiva.

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