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Sesenta años de 'Camino de servidumbre'

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Pocos libros en la historia moderna han marcado tanto una época e iniciado un cambio lento pero tan radical de rumbo como Camino de servidumbre de Friedrich Hayek, publicado el 10 de marzo de 1944.

El profesor Hayek, quien nació en Viena en 1899, fue invitado al London School of Economics (LSE) en 1931; tomó la nacionalidad británica en 1938 y por la mudanza de la LSE a Cambridge durante la Segunda Guerra, fue allí donde escribió su gran éxito de librería, dedicado a "los socialistas de todos los partidos". Las dos grandes guerras aceleraron tanto el crecimiento e intervencionismo del estado que todo parecía indicar que el siglo XX sería el siglo del triunfo del colectivismo.

Hayek argumenta en este libro que los socialistas democráticos tienen ideales utópicos que suenan muy bonitos y serían maravillosos si pudieran realmente ponerse en práctica. Pero la instrumentación de aún la más modesta planificación central requiere obligar a la gente a actuar de manera diferente y esa es una receta segura para avanzar hacia la esclavitud, bajo gobiernos crecientemente arbitrarios. Para el planificador, el individuo no es el fin sino el instrumento para alcanzar las metas del plan central. Y esa concentración del poder económico y político en las mismas manos pronto atrae a políticos y gobernantes sin escrúpulos, del tipo que los latinoamericanos hemos sufrido a lo largo de nuestras vidas.

De joven, antes de la Primera Guerra Mundial, Hayek vivió en un ambiente de libertad que pronto desaparecería. La gente se podía desplazar por el mundo sin pasaportes ni visas ni permisos de trabajo. Las guerras que siempre disparan el crecimiento de los gobiernos y de burocracias ansiosas de dirigir y controlar la vida de los demás cambió radicalmente el ambiente de libre intercambio comercial que había prevalecido bajo la Pax Britannica, especialmente entre 1850 y 1914.

Hayek no sólo anunció el fracaso de la planificación centralizada, sino que nos dejó ver que esa misma planificación es el camino a la esclavitud, el camino del Gosplan (la planificación soviética) al Gulag (los campos de concentración en Siberia). Además, al Gran Hermano no sólo hay que obedecerle sino también adorarlo (pensemos en Castro, Aristide, Chávez, etc.) Hayek tituló el capítulo 10: "Por qué los peores se colocan arriba" y sostiene que la barbarie es la consecuencia no intencional pero sí inevitable del intento socialista de reorganizar nuestra civilización comercial.

"El más importante cambio que el intenso control gubernamental produce –escribe Hayek- es un cambio psicológico, una alteración del carácter de la gente… los ideales políticos de la gente y su actitud hacia la autoridad son tanto la causa como el efecto de las instituciones políticas bajo las que vivimos".

Lamentablemente, escuelas y universidades de nuestro hemisferio siguen enseñando a los jóvenes que socialismo significa alcanzar la igualdad. Hayek explica que la verdadera democracia garantiza la igualdad de oportunidades, mientras que el socialismo trata a la gente de manera desigual para intentar lograr una quimérica igualdad económica.

El libro fue publicado por la Universidad de Chicago y la edición pronto se agotó. La revista Selecciones del Reader’s Digest publicó una condensación que llegó al gran público, incluyendo 1,5 millones de soldados norteamericanos. Pero el gobierno aliado de ocupación en Alemania no permitió la venta del libro "para no ofender a los soviéticos".

La conclusión del libro es que la barbarie es la consecuencia no intencional del fascismo, del comunismo y de la socialdemocracia. Explica la conexión entre el socialismo y la tiranía gubernamental y mantiene que la sociedad libre no puede existir en ausencia de un sistema económico capitalista.

Hayek recibió el Premio Nobel de economía en 1974 y vivió hasta 1992. La última vez que lo vi y lo escuché fue en la reunión de la Sociedad Mont Pelerin en Queens’ College, Cambridge, en 1984, cuando esa sociedad que él fundó en 1947 celebraba los 40 años de la publicación de "Camino de servidumbre". Para escribir esta columna he estado repasando el volumen que el profesor Hayek me autografió en esa ocasión.

 
© AIPE
 
Carlos Ball es director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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