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El progresista y nada xenófobo columnista de El País protesta contra "aberraciones como que en el Madrid, en algunas temporadas, más del 70 % de sus jugadores fueran extranjeros".

Carlos Rodríguez Braun
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El profesor José Vidal-Beneyto está muy molesto con "la mundialización de un fútbol para ricos". El origen de esta perversión futbolística es el "radicalismo económico liberal" de la Unión Europea. Vidal-Beneyto lamenta la anarquía del fútbol, donde se ha llegado a "eliminar toda regla". La selva a la que alude deriva de la "libertad total de contratación para los jugadores". Con tan terrible libertad "el triunfo del capitalismo en su modalidad más agresiva ha sido total y las cifras en que se expresa son alucinantes". El progresista y nada xenófobo columnista de El País protesta contra "aberraciones como que en el Madrid, en algunas temporadas, más del 70 % de sus jugadores fueran extranjeros".

Corona su absurda argumentación alegando que la globalización aumenta la pobreza, cuando la relación es la contraria: a más globalización, menos pobreza. Cierto que también más riqueza, y algunas remuneraciones astronómicas, pero el profesor no percibe la lógica de las mismas, que en el caso de las estrellas del balompié, como en el de las del cine, serían imposibles si las personas que voluntariamente pagan para verlas fueran sólo un puñado de millonarios. Pero don José repite que la globalización es mala, y que el fútbol, por su culpa, se ha convertido prácticamente en "un espectáculo para ricos, un dispositivo implacable para ganar dinero".

El dinero del fútbol se debe a que es un espectáculo no para ricos sino para multitudes, que gana dinero no por ser "implacable" sino porque las masas voluntariamente lo ven y lo pagan; por cierto, al revés de lo que sucede con los impuestos, cuestión que jamás inquieta a los bienpensantes, que deploran "la voracidad de los clubes", que son voluntarios, pero no la del Estado, que es obligatorio.

Aunque haya que pagar por ver y aunque el precio de las entradas haya aumentado (junto a la comodidad de los estadios), la prueba de que no se trata de un deporte minoritario de opulentos la brinda el propio profesor, cuando describe la situación del Manchester United: "su volumen de negocio próximo a los 250.000 millones, sus más de 500 empleados, sus cerca de 40 millones de beneficio, sus 150.000 miembros, sus 40.000 abonados, sus casi 1.000 millones de derechos televisivos, con una esponsorización y un merchandising que han hecho de su marca una de las más valoradas del mundo". No queda claro qué parte de todo esto es lo que le parece mal. Y, menos aún, por qué.

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