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Según Jesús Mota, “abundan los teóricos de la libertad de mercado” que toman exclusivamente en consideración un “mercado abstracto compuesto por agentes económicos que actúan como puntos ideales, sin intereses ni tendencias”. Como en el viejo cuento: nombres, don Jesús, queremos los nombres.

Esta extendida patraña deriva de la identificación entre liberalismo y teoría económica neoclásica, y remite asimismo a la caricatura decimonónica del homo economicus, que tantas alegrías ha brindado a los antiliberales hasta la fecha. Pero no deja de ser una patraña: la aplastante mayoría de la literatura económica liberal, desde el propio Adam Smith, defendió la libertad de mercado sin recurrir a ninguna simplificación abstracta ni ideal sino, al contrario, subrayando las complejidades de los intereses y tendencias de los agentes concretos y los marcos institucionales concretos en los que se desenvuelven.

Asimismo, los grandes teóricos liberales del siglo XX, como Ronald Coase, Friedrich Hayek o James Buchanan –por nombrar sólo a premios Nobel de economía– desarrollaron sus planteamienos liberales criticando específicamente la economía neoclásica y específicamente por los defectos que señala don Jesús. Pero, en fin, alguien que cree que el Fondo Monetario Internacional está “contaminado” de liberalismo, también creerá en el liberalismo de la economía neoclásica, y vaya usted a saber en qué otras cosas así de raras.

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