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De todas las marchas y protestas recientes, la más simpática es la de los hosteleros franceses, porque es la única que pide menos impuestos, en vez de más gasto público y menos competencia.

También a Laurent Fabius, el ministro de Economía francés, los hosteleros le parecen simpáticos, e incluso apoyó la moderación de las cotizaciones sociales, pero se opuso tajantemente a la reivindicación de los hosteleros, que piden una bajada del IVA desde casi el 20 % que pagan ahora hasta el 5,5 %. Fabius añadió esta perla: “La reducción del IVA supone miles de millones de francos, y si los hosteleros pagaran menos, los demás ciudadanos tendrían que pagar más impuestos”.

Tres falacias se apiñan aquí: la presión fiscal agregada nunca puede ser menor, el gasto público nunca puede bajar, y la reducción de impuestos no produce ningún efecto económico ni fiscal. De haberlas reconocido, monsieur Fabius no habría dicho lo que dijo, porque no es para nada automático que una reducción de impuestos sea autodestructiva, y deba ser seguida de un incremento de la presión fiscal.

Y hablando de decir y no decir, que no se diga nunca que los disparates antiliberales son monopolio francés. También en nuestra tierra resuena el grito de aux armes interventionnistes! La actriz Marisa Paredes, presidenta de la Academia de Cine, resumió en una vetusta gansada todo el empuje de nuestros artistas contra la libertad y aseguró: “El libre mercado no existe”. No añadió, porque era evidente: “y procuraremos que no exista nunca”.

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