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El director general de Asedas, la patronal de los supermercados, Andoni Monforte, afirmó que según un estudio de su asociación “la mayor liberalización de horarios comerciales que propugnan las grandes superficies destruirá unos 56.000 empleos en el pequeño comercio”.

Esta tontería es rica en matices, puesto que no sólo es un disparate en sí misma –la libertad no conspira contra el empleo- sino que viene acompañada de dos facetas habituales del pensamiento único, la conspiración artera y la predicción científica. Se ocupa, en efecto, de aclarar que sólo los grandes (y, por tanto, asquerosos) quieren la libertad, no los ciudadanos. Y además ofrece el señuelo aritmético de cifrar el daño eventual: 56.000 empleos, nada más ni nada menos. Así, en vez de dar la cifra de, por ejemplo, la cantidad de nuevos puestos de trabajo que la libertad de mercado ha creado de verdad en el sector del comercio en el pasado, el señor Monforte clava las víctimas exactas del devastador libre mercado en el futuro.

Las hemerotecas son ilustrativas para rastrear la historia de los enemigos de la libertad; podrá verse dentro de poco en un “pasquín” de IDELCO, el Instituto de Estudios del Libre Comercio, sobre el comercio en la prensa durante el último cuarto de siglo, que don Andoni tiene un lugar destacado en esa historia. Sin ir más lejos, declaró a ABC el 21 de junio de 2000: “La mayoría de los ciudadanos no considera necesaria la apertura dominical de los comercios”. Y se quedó, también entonces, tan ancho.

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