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Carlos Rodríguez Braun

Aporías de Miguel

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Mi amigo Amando de Miguel no entiende por qué es tan malo que suban los precios, algo que según él beneficia a los vendedores y se produce porque la gente tiene dinero. Su confusión estriba en no distinguir los precios relativos de la inflación, y la economía de la política. Los precios en el mercado siempre son relativos, y una revista vale dos barras de pan. Si esos precios cambian es porque la apreciación de los agentes en el mercado cambia también, y lo hace por motivos de la suerte objetiva y subjetiva más varia, por ejemplo, el caso que concibe Amando: la gente tiene más ingresos y decide gastarlos.

Esos cambios son siempre “buenos” en el sentido de que señalan las características fundamentales de los mercados y sus agentes, y facilitan la asignación de los recursos; no hay manera, empero, forma de saber si esos cambios son malos o buenos para todos en general, puesto que, al ser nuestro papel en el mercado distinto, también lo será nuestra ponderación sobre los precios. Prueba de ello es lo que en realidad todos obviamente queremos y lo que a todos obviamente beneficiaría, pero lo que todos obviamente no podemos lograr siempre a la vez: que bajen los precios de todo lo que compramos y que suban los precios de todo lo que vendemos.

Este esquema teórico se encuentra en la práctica con mil complicaciones y matices. Si el petróleo sube, digamos, por la acción conjunta de una demanda intensa y una oferta contenida, esto favorece a los vendedores árabes y perjudica a los compradores europeos, pero a su vez los enriquecidos árabes pueden gastar su dinero en Europa, lo que nutre los bolsillos de quienes les venden, etc.

Otra cosa es la inflación, es decir, la caída en el precio de una mercancía especial, el dinero, caída que no se debe a las reacciones libres de los agentes sino especialmente a la intervención del monopolizador y controlador monetario, el Estado, bien porque protagoniza o permite la expansión del dinero y el crédito, bien porque distorsiona los mercados con su política hacendística y regulatoria.

Esta inflación, que puede producirse sin que haya cambiado nada en los datos objetivos de la economía ni en las apreciaciones subjetivas de los agentes, sí que es claramente mala, al menos por tres razones.

En primer lugar, porque la medida del valor, que los seres humanos inventaron para superar el trueque y facilitar los intercambios, cambia a su vez de valor simplemente por el arbitrio de los gobernantes, con lo que daña a quienes se ven obligados por ley a utilizarla en sus transacciones, ahorros e inversiones. En segundo lugar, esa manipulación política provoca consecuencias perjudiciales muy diversas, como la profundización del ciclo económico, artificialmente expandido primero y frenado después, mediante vaivenes en el crédito, los tipos de interés y de cambio y las finanzas públicas. Y en tercer lugar, porque la inflación producida por las autoridades se mezcla con los cambios de precios “genuinos”, es decir, debidos a causas auténticas de alteraciones objetivas en la realidad o subjetivas en los agentes; el resultado de esto es incrementar la confusión y las señales falsas y dificultar por tanto la asignación correcta de los recursos. Digamos, el petróleo puede encarecerse porque baja la oferta y sube la demanda, pero si a ello se une, como en la actualidad, la expansión del crédito en los países desarrollados, no hay forma de saber en qué medida dicho encarecimiento ha sido artificialmente provocado por los políticos occidentales, los mismos que pretenden después “luchar” contra una inflación que es en esencia su criatura.

Amando de Miguel se burla de la seguridad y “lógica detectivesca” de los economistas. No jugaré yo al detective, sino que te lo dejo a ti, Amando. Dime: ¿quién es el asesino?


A continuación reproducimos el comentario de Amando de Miguel que motivó este interesante debate con Carlos Rodríguez Braun:

Aporías económicas

Mi ignorancia de las cuestiones económicas me lleva a dudas invencibles. Por ejemplo, no acabo de entender por qué es tan malo que suban los precios. Será porque mucha gente tiene cada vez más dinero para comprar. De la subida de precios se benefician los que venden alguna cosa. Eso equivale a una gran parte del censo. Algo similar me pasa con la Bolsa. Cuando baja mucho, dicen que es malo. Pero, si baja mucho, significa que muchos ganan comprando barato. Esos pueden ser millones de españoles. Admito la seguridad de los economistas; todo lo ven claro, con lógica detectivesca.

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