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En páginas de información "informó" El País que en la Argentina de los años noventa "la apertura indiscriminada de la economía y la liquidación de las empresas del Estado dejó a millones de personas sin empleo". ¡Esto sí que es informar, esto sí que es periodismo objetivo!
 
La retórica es notable. Lo peor es abrir la economía de modo "indiscriminado", con lo que hay que concluir que lo mejor es o no abrirla en absoluto, o que algún burócrata diga tú te abres y tú no. Asimismo, es malo "liquidar" empresas estatales (parecido a "desmantelar" el Estado del "Bienestar", y otras intoxicaciones). Y es malo liquidarlas porque el aparentemente único resultado es que "millones" se van al paro. ¡Millones!
 
Este disparate no resiste el menor análisis. En la Argentina de los noventa se creó empleo y bienestar, y además es altamente dudoso que los "trabajadores" de las empresas del Estado lo hayan sido realmente.
 
Parece que lo eficaz y lo bueno para el empleo eran las siniestras empresas públicas argentinas, cotos de caza para las mafias político-sindicales, donde miles de inútiles y corruptos se ocupaban de que los argentinos les pagaran el sueldo no sólo para no hacer nada sino para fastidiarlos. Recuerdo que mi pobre suegro decidió solicitar una línea a la Empresa Nacional Telefónica para el piso que se compró con los ahorros de toda su vida en pleno centro de Buenos Aires, en el barrio de la Recoleta. Decidió hacerlo legalmente y sin sobornar a ningún funcionario ni a ningún sindicalista. Resultado: tardó en que le pusieran el teléfono ¡dieciocho años! Le habría divertido que El País le "informara" de lo terrible que fue la “liquidación” de tan abnegada fuente de progreso y empleo.

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