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La celebración de FITUR ha suscitado esta semana numerosos mensajes a propósito del turismo, un sector crucial que representa nada menos que el 12 % del PIB español. La reconvención de José María Aznar no fue demasiado original: pidió a los empresarios que moderasen sus precios para seguir compitiendo.

Resulta inaceptable que los principales responsables de los elevados costes de nuestra economía y su marco legal insuficientemente competitivo, a saber, las autoridades, echen la culpa de todo a las empresas. Éstas, atrapadas en el juego intervencionista, en vez de pedir libertad piden subsidios discrecionales: un plan “renove”.

Es cierto que nuestro sector turístico tiene problemas: llegan más turistas, pero se gastan menos dinero. Nos van derrotando gradualmente los turcos y los croatas, y si alguna vez se pacifica el mundo árabe –con sus culturas milenarias, sus preciosas y desiertas playas, su proverbial buen trato y sus precios moderados- la crisis estará más que servida. Hay que “hacer algo”, pero desde luego no perseguir a los empresarios ni conceder “ayudas” especiales.

Lo curioso del caso es que el propio Aznar atinó con la respuesta: criticó a los socialistas baleares por aumentar los impuestos. ¡Pues bájelos usted mucho y de verdad y para todos!

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