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Carlos Rodríguez Braun

Carlos Carnicero

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Leo en El Diario Palentino un artículo de mi amigo Carlos Carnicero. Parece convencional, pero tiene una afirmación muy interesante. El pensamiento único disfrutará de su texto, con afirmaciones como que Aznar y Bush son “señores de la guerra”, Bush sufre “un ataque de cólera”, “se trata de comenzar la batalla a cualquier precio en cualquier circunstancia”, “los planes anunciados por Bush de utilizar el engaño secuestran la opinión”, “deseos belicistas de Bush, Blair y Aznar… partidarios de recuperar criterios de barbarie”. Sostiene además, igual que los amigos de Sadam Husein, que la guerra es para controlar el petróleo. Todo esto era de esperar. Pero al final Carnicero defiende una tesis “contra lo que enseñan en las escuelas de Economía”. Como enseño allí desde hace treinta años, esto inevitablemente atrajo mi atención. Según él, la clave es que como en el futuro aumentará la demanda de petróleo por la presión de la economía china, “crece el nerviosismo de los magnates por mantener la oferta. Así de sencillo, así de sucio”. ¿Sencillo, sucio? Veamos.

Aceptemos con Carlos Carnicero que los magnates son sucios. A partir de ahí, lo que resulta extraño es que se apunten a mantener la oferta. Lo que un sucio magnate haría no es eso, sino aumentar sus asquerosos beneficios. La oferta le daría igual –¿o es él acaso un benefactor público?– y lo que nunca procuraría es mantenerla. Al contrario, buscaría reducirla, porque así, y más aún con el empuje de millones de chinos sedientos de petróleo, aumentarían los precios, y dicho aumento impulsa sus beneficios, no el mantenimiento de ninguna oferta. Y lo que sería muy torpe es aumentar la oferta, porque ello presionaría los precios y los beneficios a la baja.

Independientemente de lo que pensemos de la guerra, está claro que una victoria de EE UU y sus aliados no se traducirá en un mantenimiento, y mucho menos en una reducción, de la oferta de petróleo iraquí. Más bien esa oferta aumentará con un Irak democrático y libre. O sea, los magnates que según el pensamiento único avivan el conflicto y manipulan a Bush y sus socios están actuando contra sus propios intereses. No sólo son sucios, sino idiotas.

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