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Doña Carmen Calvo, consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, y ministrable en el próximo gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, declaró: “en el mercado puro y duro hace frío para la cultura; no se la puede abandonar ahí para que se convierta en un mero producto en el que sólo cuenta lo que se vende”.
 
La metáfora térmica del mercado es el frío, salvo cuando se trata de la macroeconomía, que también puede calentarse. Pero el mercado es frío, lo que tiene que ver con el atavismo antiliberal que añora pequeñas comunidades y órdenes primitivos, a los que posiblemente atribuye el calor del seno materno, y rechaza los órdenes modernos de la libertad y el progreso, asociados a personas civilizadas y responsables, dueñas de su destino.
 
Estas personas libres son objeto de recelo por parte del pensamiento único, que prefiere algo parecido al arcaico orden tribal: el Estado, cálido y obligatorio. De ahí que el antiliberalismo sistemáticamente aluda a que en el mercado estamos “abandonados”, somos “meros productos” o “meras mercancías”, y rechace la lógica de “comprar y vender”.
 
Todas esas jeremiadas ignoran el hecho crucial del mercado, y es que nadie nos obliga a comprar, y si queremos vender debemos convencer competitivamente al comprador de que lo que ofrecemos vale. En cambio, en el cálido mundo político que idolatra doña Carmen, el ciudadano es forzado a pagar, lo quiera o no, y los oferentes de cultura, en lugar de trabajar para convencer a los ciudadanos, se dedican a hacer lobby para convencer a los políticos para que ejerzan la coacción sobre el pueblo.
 
Esto no inquieta a doña Carmen, porque para ella “la cultura es un servicio público y un derecho de los ciudadanos”. Que los ciudadanos puedan tener derecho a la libertad es algo que para nada turba el sueño de nuestra eventual ministra.
 

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