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Como su suelo no es suyo, señora, señor, como su valor ha sido afectado "por el trabajo de todos y por la Administración Pública", en palabras de don Jordi, usted no puede tener "propiedad expectante". Vamos, que no puede tener propiedad.

Carlos Rodríguez Braun
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Con este título, el geógrafo-urbanista Jordi Borja actualiza en El País la antigua consigna de tierra y libertad; "justa y revolucionaria", dice. Han pasado siglos de ataques a la propiedad desde todos los flancos, incluidos los irresponsables "liberales" decimonónicos que propiciaron la desamortización creyendo que no tendría más que consecuencias plausibles. Cabría pensar que la larga experiencia intervencionista, democrática y no democrática, capitalista y comunista, habría despejado los equívocos en este sentido. Parece que no.

Don Jordi de hecho ansía una "socialización general del suelo urbano", aunque, realista, admite que no hay margen para lograr ese hermoso ideal, dado "el actual contexto legal y económico". Ahora bien, aunque no se pueda de momento socializar en masa, sí se puede y se debe, afirma el señor Borja, adoptar "medidas legales radicales de ámbito estatal para evitar la apropiación privada de las plusvalías urbanas [...] no es aceptable que la mera propiedad expectante se apropie de un valor creado por el trabajo de todos y por la Administración pública".

Ya tenemos al revolucionario don Jordi convertido al moderado pensamiento único socialdemócrata que desde Locke (strange bedfellows indeed!) corrompe la noción de propiedad con la idea de que hay que atender a los demás, sea dejándoles as much and as good, como advirtió don John en el siglo XVII, o condicionándola según su "función social", como cree hoy todo el mundo y consagra nuestra Constitución, justo a continuación de esas hermosas palabras liberales: "se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia".

Como su suelo no es suyo, señora, señor, como su valor ha sido afectado "por el trabajo de todos y por la Administración Pública", en palabras de don Jordi, usted no puede tener "propiedad expectante". Vamos, que no puede tener propiedad. Y para acabar con la especulación la solución del señor Borja es ¡acabar con los precios! ¿Cómo? "Tasando de facto los precios del suelo" y planificándolo todo.

En resumen, "casa y libertad" significa que su casa no es suya, y su libertad tampoco.

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