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Carlos Rodríguez Braun

Castilla-La Mancha y lo gratuito

no hay nada gratis. Mienten las autoridades socialistas catellano-manchegas cuando proclaman que los libros van a ser gratis para todos. No. Para todos no. Para los contribuyentes no

Carlos Rodríguez Braun
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En un anuncio a toda página en la prensa, el Gobierno de Castilla-La Mancha proclamó: “Este curso seguimos siendo los primeros”. No se refería a que el nivel educativo de esa Comunidad Autónoma fuera particularmente excelente, sino a la gratuidad de los libros de texto. El anuncio continuaba así: “Este curso más de 200.000 escolares de Castilla-La Mancha y sus familias van a saber lo que cuesta una mochila, un cuaderno o un boli. Pero los libros de texto, van a ser gratis para todos”.
 
En primer lugar, no hay nada gratis. Mienten las autoridades socialistas catellano-manchegas cuando proclaman que los libros van a ser gratis para todos. No. Para todos no. Para los contribuyentes no, puesto que ellos los van a pagar, como sufragan siempre lo que gastan las autoridades, incluido el torrente de euros que habrá costado esta descarada propaganda oficial.
 
Pero, además, el propio anuncio revela algunas dimensiones interesantes del intervencionismo. Por ejemplo, las familias van a saber lo que cuesta una mochila, mientras que, en efecto, nunca sabrán lo que les cuestan los libros, porque su aportación, no por desconocida menos real, se diluirá en el magma fiscal.
 
Obsérvese también que se asegura que las familias no pagarán los libros pero sí los bolis y las mochilas. La pregunta es evidente: oiga, y ¿por qué? ¿por qué se frena la abnegación del poder en algunos capítulos del gasto? Es obvio que si los socialistas castellano-manchegos son buenos porque “dan gratis” los libros de texto, entonces serían mucho mejores si dieran gratis cuadernos y coches y casas y todo. Dirán: ¡eso no se puede hacer! ¿Ah, no? ¿Y por qué no se puede, si la lógica es la misma y el dinero siempre proviene del mismo lugar?
 
La respuesta es inquietante, porque la única explicación es que son las Administraciones Públicas las que finalmente deciden qué van a pagar las familias directamente (mochilas, cuadernos, bolis) y qué van a pagar indirectamente (libros). Deducir de todo esto que los políticos de Castilla-La Mancha son “los primeros” en el cuidado de sus súbditos es, como mínimo, audaz.

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