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En el aspecto moral, lo más siniestro de la "pobreza cero" es la beatificación del poder político, como si la petición a las autoridades sólo pudiera producir el gratuito maná del Señor, que se entrega al pueblo sin arrebatarle nada a cambio.

Carlos Rodríguez Braun
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En insospechado homenaje a Koestler, el pensamiento único confluye en una creciente admiración por el cero. Arrecian, así, las consignas que predican la necesidad del cero a propósito de cualquier cosa que convenga anular. Por ejemplo, "tolerancia cero" contra cualquier mal. En economía cobra fuerza la "pobreza cero".

Jamás se trata de invitar a los ciudadanos libres a que responsablemente entreguen parte de sus bienes o sus energías a la ayuda de nuestros semejantes más necesitados. De lo que se trata es de lograr algo bueno, rápidamente, y siempre a través de la coacción política. La característica intelectual de este empeño es la insolvencia, y la moral es la sumisión.

El músico popular Iván Ferreiro, firme partidario de la "pobreza cero", lamentó "los créditos que aquí nos benefician y arruinan a los argentinos... si yo llevo dos camisetas, hay alguien que no lleva ninguna". Esto es un disparate, porque los argentinos no fueron arruinados por créditos sino por sus gobernantes antiliberales. Por cierto, tiene gracia que despotrique contra unos créditos ¡que no fueron pagados!

Es también una bobada porque la riqueza, hablando de cero, es un juego de suma positiva: poder comprar dos camisetas no significa que otra persona no pueda comprar una. Pero además, y esto le chocará a Ferreiro, es una bobada escasamente progresista. Por ejemplo, en la época más fascista del peronismo, Evita Perón escribió en La razón de mi vida igual que don Iván, y aseguró que si a alguien le sobran unas monedas, es porque a algún otro le faltan.

Y en el aspecto moral, lo más siniestro de la "pobreza cero" es la beatificación del poder político, como si la petición a las autoridades sólo pudiera producir el gratuito maná del Señor, que se entrega al pueblo sin arrebatarle nada a cambio. Véase esta perla del señor Ferreiro: "Las cosas pasan no porque este presidente o aquel presidente no quieran, sino porque nosotros no se lo pedimos".

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