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Carlos Rodríguez Braun

Crisis, conversiones y timideces

A poco de andar se nos informa de que el intervencionismo actual, al que presuntamente se han convertido ahora las autoridades, estriba en instituciones que fueron establecidas ¡hace setenta años por F. D. Roosevelt!

Carlos Rodríguez Braun
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Tituló El País: "Estados Unidos se convierte al intervencionismo. Goldman Sachs critica la timidez de la política económica en la eurozona". Es un bonito resumen de los disparates que hemos sufrido esta semana.

Es tal la arrogancia del pensamiento único que no es capaz de reconocer la contradicción mientras la proclama a voz en cuello. Estados Unidos tienen una larga tradición intervencionista, y las políticas de centrifugación de los costes entre los contribuyentes son cualquier cosa menos nuevas. Pero no es que lo diga yo, es que está en todos los diarios, y por supuesto también en El País. Si uno se molesta en leer más allá del titular políticamente correcto la información se pone tan interesante como incoherente con ese mismo titular. Así, a poco de andar se nos informa de que el intervencionismo actual, al que presuntamente se han convertido ahora las autoridades, estriba en instituciones que fueron establecidas ¡hace setenta años por F. D. Roosevelt!

Pero nada arredra al pensamiento único: aquí parece que sólo hubo mercado libre y nada de intervencionismo hasta hoy. En otra página del mismo diario pude leer que vivimos en un "desbocado capitalismo liberal" pero al mismo tiempo que se ha registrado una explosión de dinero y crédito orquestada por los bancos centrales públicos y por gobiernos que se lanzan a gastar "más dinero público". Caramba con el desbocado capitalismo liberal.

También hay algunos que se resisten a leer Adam Smith, y se asombran por tanto que los empresarios sean intervencionistas, algo que el pensador escocés ya denunció en el siglo XVIII. A ver, camaradas ¿qué esperáis que diga Goldman Sachs? Está viendo caer a competidores con más solera y sabe que las autoridades, que han causado la crisis, pueden obligar a los contribuyentes a que paguen el desaguisado, centrifugando entre todos ellos el coste, y lavándose los gobernantes las manos, mientras lo reparten entre entidades, por ejemplo, como Goldman. A ver, chicas, chicos del pensamiento único, repito: ¿de verdad creéis que Goldman Sachs va a decir que no, que no quiere dinero de los contribuyentes? ¡Eso sí que sería una sana, honrada, competitiva, liberal e inconcebible timidez!

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