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Carlos Rodríguez Braun

Democracia anticapitalista

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José Vidal-Beneyto distingue entre el sistema demoliberal, que concilia igualdad con libertad, y el asqueroso sistema democapitalista, “que acepta y confirma la desigualdad económica como condición necesaria para el ejercicio de la libertad política”. El énfasis en la igualdad ha sido desde la Revolución Francesa usurpado por los enemigos de la libertad, que distorsionaron profundamente la consigna liberal por excelencia, que es la igualdad ante la ley, y la sustituyeron por la intervencionista igualdad mediante la ley, que abre la puerta para amplios recortes de la libertad.

Ningún liberal, por supuesto, ha exigido nunca el bobo requisito que imagina Vidal-Beneyto: la desigualdad económica como condición de la libertad política. Lo que los liberales han dicho siempre, en cambio, es que la igualdad ante la ley y la libertad exigen que el poder político no interfiera en los contratos de los ciudadanos, independientemente de su resultado. Es decir, la condición de los liberales no es la imposición imprescindible de la desigualdad sino que el Estado no recurra a la desigualdad para quebrantar la libertad: Procusto y su lecho quedan excluidos de la sociedad abierta.

Pero los clásicos problemas teóricos y prácticos que plantea la falacia socialista de un mundo fantástico sin desigualdad pero con libertad son ignorados por Vidal-Beneyto, para el cual el caso Enron y otros prueban el derrumbe del mercado, igual que la crisis de 1929 fue agitada por los comunistas como prueba de la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, puesto que Rusia –donde millones de trabajadores eran asesinados por los comunistas– no la había padecido.

El distinguido columnista de El País no ahorra ninguno de los camelos antiliberales: está muy preocupado por los derechos humanos (en el capitalismo, se entiende), y dice que los mercados no funcionan porque reinan el monopolio y la especulación. La solución, porque una cosa es un enemigo de la libertad y otra cosa es un completo mentecato, ya no es la revolución comunista sino la democracia. Y si la libertad se alza como obstáculo frente a la democracia, pues peor para la libertad.

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