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Carlos Rodríguez Braun

Destructivo y razonable

Los empleos se han destruido siempre, por la competencia de próximos y lejanos, por el paso del tiempo, por toda suerte de razones desde culturales hasta climáticas, y hasta por extraños, repentinos e inexplicados cambios en los gustos

Carlos Rodríguez Braun
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Tras este titular sobre el sector del calzado: “la competencia asiática destruye 5.000 empleos en año y medio”, don Rafael Calvo, presidente de Confederación Europea del Calzado, se manifestó “a favor de la apertura” pero, eso sí, recomendó imponer unas tasas para que los zapatos chinos entren en la Unión Europea a “un precio más razonable”.
 
Los empleos se han destruido siempre, por la competencia de próximos y lejanos, por el paso del tiempo, por toda suerte de razones desde culturales hasta climáticas, y hasta por extraños, repentinos e inexplicados cambios en los gustos. ¿Qué les pasó a los seres humanos en torno a 1950 para que masivamente dejaran de usar sombreros? La relevante industria sombrerera prácticamente desapareció del mapa en menos de una generación. Millones de empleos fueron “destruidos”. Y sin embargo, no registran las crónicas ningún episodio de hambre masiva, porque la gente hizo lo que hace siempre: adaptarse a circunstancias cambiantes, y los empresarios y trabajadores que antes fabricaban sombreros pasaron a fabricar blue-jeans o lo que fuera, en una evolución progresista que permite que pase lo importante, es decir: que puedan crearse siempre más empleos que los que se destruyen.
 
Este proceso es difícil de entender, porque no resulta visible. Lo visible son los puestos de trabajo “destruidos” por la maldita competencia china. Pero hay cosas que no se ven, aunque son reales. Por ejemplo, los empleos creados por quienes comercian con China. O el estímulo económico que puede proporcionar el gasto y el ahorro de millones de consumidores que pagan menos por sus zapatos gracias a las importaciones desde China. Esto no se ve y, a tenor de lo que transmiten los medios de comunicación, tampoco se piensa.
 
Y tampoco se piensa en lo ridículo que resulta que una persona o grupo de personas puedan sentarse a determinar cuál es el precio “más razonable” de algo. Como regla general podemos concluir que si ese precio más razonable lo fijan unos productores que enfrentan importaciones competitivas, entonces indefectiblemente será un precio “más razonable” ¡y más elevado!
 

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