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Buscar en “el capitalismo” la raíz de todos los males prueba que el mejor amigo del hombre, y de la mujer, no es el perro sino el chivo expiatorio

Carlos Rodríguez Braun
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La destacada escritora española Belén Gopegui lamentó “la necesidad de trabajar para un empresario y no para una comunidad”. Su colega colombiana Laura Restrepo afirmó que el culpable de la crisis de su país es el capitalismo, y añadió: “El narcotráfico es una fuerza particularmente feroz de la lucha por el dinero”.
Firme enemiga de la libertad, la señora Gopegui, admiradora de la dictadura cubana, detesta lógicamente a los empresarios, y su odio antiliberal la conduce a negar la capacidad intermediadora de las empresas, faceta característica de la sociedad libre. En efecto, las únicas maneras de trabajar directamente para “la comunidad” radican en las tribus primitivas o en su correlato moderno: el socialismo, que no por azar ha adoptado en su plasmación política concreta solamente la forma de dictadura.
 
Buscar en “el capitalismo” la raíz de todos los males prueba que el mejor amigo del hombre, y de la mujer, no es el perro sino el chivo expiatorio. En el caso de la señora Restrepo, además, es un chivo groseramente distorsionado. Si el capitalismo quiere decir sólo “lucha por el dinero”, entonces se disuelve como categoría, y de hecho deja de existir, puesto que valdría para todos los tiempos y circunstancias, puesto que siempre ha habido personas feroces que se lanzan sobre la vida y los bienes de los demás, desde Caín en adelante.
 
Pero si conferimos al capitalismo alguna categoría conceptual, es disparatado asociarlo a la creación de oportunidades artificiales de negocios debidos exclusivamente al intervencionismo estatal. Y así sucede con el narcotráfico, que no debe su razón de ser al capital libre sino a una prohibición.

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