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Tan poco amenazada está nuestra supervivencia que la población mundial se multiplicó por seis desde 1800, y tanto aumentó el bienestar que la renta per cápita creció también sin cesar.

Carlos Rodríguez Braun
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Los recelosos de la libertad se arrogan potestades científicas y pretenden que su discurso cuenta con avales de los que supuestamente carecen los discursos alternativos. Afirmó Juan López de Uralde, director de Greenpeace, en la Cadena SER: "Vivimos en un planeta con recursos finitos, y con un sistema económico basado en el crecimiento infinito. La ecuación, por tanto, es imposible, y sólo nos lleva a la destrucción de nuestro entorno físico. Sólo cambiando esto podríamos garantizar la supervivencia de la especie humana".

Este razonamiento de corte maltusiano es un camelo importante, porque lo que sucede es lo contrario de lo que la jeremíaca "ecuación" de don Juan sugiere. Si los recursos padecieran en su oferta limitada la demanda voraz del crecimiento económico, la supervivencia de la especie humana debería de haber dado señales de agotamiento, puesto que desde hace doscientos años todos los indicadores económicos están aumentando a tasas desconocidas en la historia anterior. Y sin embargo, ha ocurrido lo opuesto: junto a un espectacular desarrollo económico ha habido un no menos espectacular crecimiento de la población. Tan poco amenazada está nuestra supervivencia que la población mundial se multiplicó por seis desde 1800, y tanto aumentó el bienestar que la renta per cápita creció también sin cesar. Pero una y otra vez –el Club de Roma, la ONU y ahora los ecologistas– pronostican que esto no puede durar y que el crecimiento nos amenaza. Hay algo en la "ecuación" del señor López de Uralde que no cuadra, y es su punto de partida: la idea de que los recursos son finitos, lo que insinúa que están dados y no pueden expandirse.

Esta noción es intuitiva y verosímil, y sirve además para animar las primitivas ficciones de juegos de suma cero que cultiva el socialismo de todos los partidos, tribunas y cátedras. Pero es falsa. Más bien parece que los seres humanos son capaces de crear recursos nuevos y crear nuevas formas de aprovechamiento de los recursos viejos, y lo que necesitan es paz, justicia y libertad para poder hacerlo.

El pensamiento único, sin embargo, lo niega, e insiste en la catástrofe inminente por culpa de las mujeres y los hombres libres. Esta semana hubo otra prueba del abuso de las matemáticas para propiciar este embuste. Emilio de Benito, en páginas de información de El País, "informó" de esta guisa: "Sólo entre 2000 y 2002 la lista de especies animales amenazadas pasó de las 10.000 a casi las 16.000". Ni se le ocurrió pensar que quizá hay allí algo raro, que esa carrera hacia la extinción de la vida animal igual está manipulada por los enemigos de la libertad, siempre dispuestos a esgrimir cifras presuntamente incuestionables para situar a los seres humanos en un peldaño de importancia cada vez menor, y para probar que estamos al borde del abismo y que urge que el poder recorte nuestra libertad y nuestros bienes para evitar que nos precipitemos en él.

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