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Parece como si la pobreza cubana no tuviera que ver con el comunismo, cuando en verdad se trata de un sistema que ha producido miseria en los pueblos que lo han padecido.

Carlos Rodríguez Braun
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Pedro Gómez Díez empresario sevillano y amigo de la familia de Fidel Castro, aseguró en ABC: "puedo garantizar que Fidel es fiel a lo que predica". Lo dijo porque conoce personalmente a un hijo de Castro, llamado Álex, hombre de recursos modestos que sale adelante con su cartilla de racionamiento. Como son pobres, los miembros de la familia Castro, concluye el empresario, "viven como un cubano más".

Convengamos que si esto es verdad, si no hay ninguna diferencia entre el pobre nivel de vida de los Castro y los demás cubanos, sería un caso insólito en la historia del comunismo, a tenor de lo que se sabe sobre los lujos que ostentan los jerarcas comunistas en otros países.

Pero supongamos que es cierto, y que las informaciones sobre la fortuna del tirano son infundadas. Incluso en ese caso hay dos aspectos inquietantes en el diagnóstico del señor Gómez Díez. En primer lugar, no parece asombrado de que la pobreza sea la regla en Cuba, un país que era relativamente rico en 1959 en comparación con el resto de la América hispana. Los Castro, "como un cubano más", siguen con cartilla de racionamiento, y esto no motiva reflexión alguna en el empresario. Él debe saber que también en España hubo esas cartillas, y no le llama la atención el que hayan desaparecido aquí y no allí. Parece como si la pobreza cubana no tuviera que ver con el comunismo, cuando en verdad se trata de un sistema que ha producido miseria en los pueblos que lo han padecido.

Un segundo aspecto inquietante de nuestro empresario tiene que ver con otra regla del comunismo, que no es económica sino política: siempre adopta la forma de dictadura. Y por eso choca que afirme que Fidel es fiel "a lo que predica".

Castro no es un predicador, porque los predicadores se limitan a hablar, reconvenir, recomendar, amonestar, etc. Si una persona emplea la violencia más brutal para someter a un pueblo, esa persona podrá hablar mucho o poco, pero desde luego no es un predicador sino un dictador. Ahora bien, la palabra dictador no fue pronunciada por el señor Gómez Díez.

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