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Más bien parece que los pobres son pobres porque no tienen paz, justicia y libertad, y esas "herramientas" faltan por culpa de sus propias autoridades.

Carlos Rodríguez Braun
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El economista Jeffrey Sachs defendió la ayuda exterior como herramienta para resolver la pobreza. Fidel Castro negó que posea una fortuna y aseguró que el dinero no le sirve para nada.

Como la historia de la llamada ayuda exterior está repleta de fiascos y escándalos, Sachs no comete el error de ocultarlos, y habla de "los múltiples e indudables fracasos de anteriores campañas de ayuda". Pero alega que el futuro no tiene por qué ser igual que el pasado, lo que es obvio y no demuestra lo que debe demostrar, que es algo que Sachs da por supuesto: "En cualquier parte del mundo, los más pobres de entre los pobres desean una oportunidad para mejorar el futuro, en especial el de sus hijos. Denles herramientas y las aprovecharán".

Es dudoso que los pobres sean pobres porque carezcan de herramientas que les puedan facilitar los políticos de los países ricos con el dinero de sus súbditos. Más bien parece que los pobres son pobres porque no tienen paz, justicia y libertad, y esas "herramientas" faltan por culpa de sus propias autoridades.

Los cubanos no viven en paz, justicia y libertad, por culpa de la tiranía que los somete. El dictador, envalentonado en tiempos recientes por el apoyo de otros enemigos de la libertad como Chávez y Morales, reaccionó este año contra la clasificación de gobernantes millonarios que publica la revista Forbes. Dijo que no es rico, lo que es falso porque es dueño y señor de todo el país. Los sicarios de su gobierno acudieron en su defensa, y sus argumentos fueron una confesión de parte. El presidente del banco central, Francisco Soberón, señaló que Castro no tiene dinero en el exterior, porque "es totalmente imposible" que un cubano lo tenga, debido a "la economía centralmente planificada, bajo control estricto del Partido Comunista" y el Estado. Es difícil definir mejor un régimen sin libertades.

Y el propio Castro afirmó: ¿para qué quiero el dinero? En efecto, el dinero tiene escaso valor bajo el comunismo, lo que por cierto ya desde hace mucho tiempo permitió refutar una reivindicación de los comunistas: se felicitaban por no padecer inflación. Pero en realidad la inflación es la inversa del poder de compra del dinero. La forma habitual de medirla es con un índice de precios. Si suben los precios, baja el valor del dinero. Pero otra forma de medirla corresponde a las dictaduras socialistas. Allí no sirve el dinero como en los países no comunistas: los precios de los bienes son bajos, ¡pero no hay bienes!

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