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En típica actitud de los artistas acomplejados o derrotados por una empanada ideológica descomunal, Imanol Arias, un triunfador en toda regla, lamentó sinceramente este horrible capitalismo que le permite vivir tan estupendamente, y denunció que “el poder nos tiene a todos comprados de alguna manera o en algún sentido, porque dependemos de él”.

La compra no es una degradación. Milenios podrá tener la fantasía de que lo mercantil es sucio, pero sigue siendo una fantasía. Comprar y vender en el mercado es emprender contratos libres en beneficio mutuo. Quienes pagan (fortunas) al señor Arias para aparecer en la televisión o en anuncios publicitarios no vulneran su dignidad en absoluto. Más bien, al contrario.

Depender de los demás tampoco es malo. La sociedad abierta estriba precisamente en eso, al revés que el feudalismo o la monarquía absoluta, donde todos dependen de un señor o un puñado de nobles. En la sociedad abierta todos dependemos de numerosas personas, la mayoría de las cuales no conocemos. Eso no es una desgracia ni coarta ningún derecho ni libertad: no se vuelve Imanol Arias un esclavo porque cobre (fortunas) de tal o cual empresa.

Y por último, el poder. ¿A qué se refiere don Imanol cuando nos advierte ante ese pérfido Polifemo? Al parecer, dado que habla de comprar, se trataría del malvado “poder económico”. Pero aquí hay una contradicción, porque en los mercados no hay coacción legal, salvo que los grupos de presión consigan hacer intervenir al Estado en su favor. Curiosamente, el señor Arias tenía a mano un ejemplo más pertinente, la política, es decir, la presión fiscal mediante la cual el poder de verdad, el poder ante el cual no cabe decir que no, arrebata dinero a los ciudadanos, a todos, y se lo entrega a RTVE, que lo utiliza para pagar (fortunas) a Imanol Arias.

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