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Lo asombroso es que Choquehuanca pretenda hacernos creer que lo que pasó en Bolivia es que vinieron unos ladrones extranjeros y simplemente se llevaron la madera de unos propietarios bolivianos. Oiga, don David, ¿es que no pagaron nada a nadie?

Carlos Rodríguez Braun
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David Choquehuanca, ministro de Exteriores de Bolivia, reveló una vez más que el mejor amigo del hombre no es el perro sino el chivo expiatorio. Todo lo malo que le ha sucedido a Bolivia es por culpa de los extranjeros. Comparte el clásico discurso simplista de que España y Europa no aportaron absolutamente nada a América, y su único papel fue el pillaje de "nuestra plata". Esto es falso, y resulta asimismo increíble la afirmación del señor Choquehuanca sobre la continuidad del robo: "se siguen llevando nuestros recursos naturales, nuestra madera, nuestras plantas medicinales".

El victimismo es uno de los ingredientes del totalitarismo, y por eso se entiende que lo practiquen enemigos de la libertad como Evo Morales y su ilustre canciller. Pero lo asombroso es que Choquehuanca pretenda hacernos creer que lo que pasó en Bolivia es que vinieron unos ladrones extranjeros y simplemente se llevaron la madera de unos propietarios bolivianos. Tranquilamente. Oiga, don David, ¿es que no pagaron nada a nadie?

Es obvio que no pudo ser así, y también es claro que, si cabe atribuir la pobreza de Bolivia a la inseguridad de los derechos de propiedad, que es un argumento bastante convincente, ¿quién es el responsable de dicha inseguridad? Claro que sí, son las autoridades. Conviene preguntarse, pues, qué ha pasado con esos derechos y esa inseguridad desde que gobierna el señor Morales.

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