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Dirá usted: ¡fuera los bancos centrales! Pues no. Lo que la señora Ruiz pide es aún más intervención, concretamente más impuestos.

Carlos Rodríguez Braun
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Usurpo el título de Bastiat para referirme a una diatriba de Susana Ruiz, de Intermón Oxfam, en El País.

Asegura que "el sector financiero ha sido sin duda el gran beneficiado del proceso de globalización", pero porque se le ha rescatado con dinero público. O sea que la globalización, habitualmente asociada a la libertad, es lo contrario de la misma. Que se aclaren.

También apunta que "cada día se realizan operaciones cambiarias por valor de cuatro billones de dólares, pero solo un 2% llevaban asociados intercambios comerciales". Si razona a partir de ahí, concluirá que no puede haber creación de dinero, ni reserva fraccionaria, ni bancos centrales. No creo que llegue tan lejos.

A donde sí llega es a recomendar el castigo a "quienes nos han conducido a este desequilibrio económico" y por supuesto a la "especulación excesiva". Dirá usted: ¡fuera los bancos centrales! Pues no. Lo que la señora Ruiz pide es aún más intervención, concretamente más impuestos.

Siguen las curiosidades: una vez que despotrica contra el sector financiero porque según el FMI (antes enemigo, ahora amigo) está "insuficientemente gravado y es quizás demasiado grande", lo que pide es un impuesto sobre todas las transacciones financieras internacionales. Dirá usted: querrá reducirlas. Pues no, porque se ocupa en subrayar que el impuesto es "muy pequeño". Oiga ¿y por qué? Si el razonamiento tiene lógica, debería ser muy grande.

Pues no. El razonamiento apunta en un sentido y también en el contrario, posiblemente por algo que no queda claro en el artículo y es ¿quién va a pagar el impuesto? Lo esperable es que se traslade a los ciudadanos.

Doña Susana parece percibirlo y por eso concluye que al ser tan chiquitito el impuesto, y sólo sobre los malvados especuladores, y además para conseguir dinero para luchar contra la pobreza, la contaminación, etc., es decir, todo inobjetable, entonces "lo razonable es pensar que su limitado coste sea absorbido por los operadores mismos, dada la inercia de competitividad de los mercados, sin repercutir de manera directa sobre la ciudadanía ni sobre los intercambios comerciales. Es ahí, sobre los agentes profesionales, sobre los que recae el efecto de recaudación y regulación, y no sobre la ciudadanía en general". Ella no puede demostrarlo, claro.

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