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El premio Nacional de Música, Mauricio Sotelo, pidió a la ministra del ramo “apoyo institucional” para que la creación artística “no naufrague en las aguas ponzoñosas de lo puramente comercial: el mercado”. Eduardo Haro Tecglen sostuvo que las empresas públicas perdían dinero “las más de las veces porque el servicio público estaba por encima del dinero”. Vaya, por Dios.

Es interesante cómo se ha extendido eso del apoyo o la ayuda o lo que sea, pero “institucional”. Parece serio, pero en realidad, es simplemente una forma elusiva de hablar de dinero ajeno extraído coactivamente. Y eso es lo que le chifla a Mauricio Sotelo, porque si carecen de tal “apoyo institucional”, los artistas van a tener que pasar por el amargo trance de esforzarse para producir algo que guste a los demás, para conseguir que la gente voluntariamente les entregue su dinero. Así es el ponzoñoso mercado y por eso Sotelo lo odia. Prefiere la coerción a la libertad.

Y hablando de coerción, Eduardo Haro Tecglen la desdeña completamente en su extravagante visión de las empresas públicas como abnegadas Madres Teresa, sólo atentas al bien común, “por encima del dinero”. Por supuesto, es falso; las empresas públicas son cotos de caza de grupos privilegiados –políticos, burócratas y sindicalistas– y sólo están “por encima del dinero” porque no tienen que ganárselo: se lo quitan al pueblo por la fuerza.

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