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Es verdad que acabó en una gran catástrofe, rápidamente interpretada como el fracaso de la economía de mercado, cuando más bien se debió a lo contrario

Carlos Rodríguez Braun
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Por si no bastara su propia demagogia y la de su señora esposa, el progresista Néstor Kirchner ha nombrado ministra de Desarrollo Social a su hermana Alicia. Desde luego podría haber promovido el desarrollo social cerrando ese ministerio, pero en vez de ello acudió al nepotismo, o más bien al amor fraterno. La hermanísima probó ser digna merecedora de su absurda cartera, y declaró dramáticamente: “La década del 90 ha sido en nuestro país la más clara expresión del dolor” porque se inscribe en un contexto de “varias décadas en que el fundamentalismo del mercado comenzó a ganar adeptos”. Es francamente difícil decir más disparates en menos palabras.
 
Los años noventa no vinieron marcados especialmente por el dolor en la Argentina, un país maltratado por sus gobiernos desde hace mucho. Doña Alicia señala esa década porque representó una apreciable prosperidad asociada al adversario de Kirchner: Menem. Es verdad que acabó en una gran catástrofe, rápidamente interpretada como el fracaso de la economía de mercado, cuando más bien se debió a lo contrario.
 
Pero aunque quepan lógicamente análisis diferentes sobre los años noventa, lo que no se puede afirmar en ningún caso es que en la Argentina triunfara -y a lo largo de “varias décadas”, nada menos- algo parecido al mercado libre, y mucho menos el fantasmagórico “fundamentalismo” que jalean los sectarios del pensamiento único, allí también.

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