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Carlos Rodríguez Braun

Por qué Díaz Ferrán es Díaz Ferraz

Algún lector podría aducir que el liberalismo reclama también menores salarios y despido gratis, pero no es así: el liberalismo dice que los salarios no deben ser bajos ni altos sino libres

Carlos Rodríguez Braun
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Esta semana comprobamos por qué Federico Jiménez Losantos llama Díaz "Ferraz" al presidente de la confederación empresarial CEOE, Gerardo Díaz Ferrán. Tras haber pedido subsidios públicos para las empresas, dado que la crisis impone un "paréntesis en la economía libre de mercado", don Gerardo pasó a exigir moderación salarial y un despido más barato. Pocas veces han tenido los enemigos de la libertad un aliado tan estupendo. A ver, camarada Díaz ¿lo hace usted a propósito, o es que no se entera?

En efecto, aunque Adam Smith ya nos enseñó en el siglo XVIII que los empresarios no son liberales, y que aprovechan cualquier oportunidad para no competir, reclamar privilegios y "conspirar contra el público", lo de don Gerardo es demasiado descarado, en el sentido de que no hace más que darle a los antiliberales el arma que más necesitan: la justificación para limitar más la libertad y la propiedad privada.

Empezar pidiendo subsidios invita obviamente a concluir que los empresarios quieren privatizar los beneficios pero socializar las pérdidas, que su apego al mercado se limita a las etapas de prosperidad, que quieren que los demás les saquen las castañas del fuego, que son liberales de salón, etc., y que su actitud demuestra que lo realmente valioso, lo importante que nos socorre en tiempos de apuros, es el socialismo, como lo prueba el que los capitalistas pidan ahora socialismo. Es evidente que quien defiende la libertad de una forma que con tan poca vergüenza confiesa que lo hace sólo mientras le interesa, no sólo no la defiende sino que la ataca.

Si a poco de andar va Díaz Ferrán y reclama menores salarios y más facilidades para despedir, todo será para el antiliberalismo coser y cantar: que los empresarios quieren limitar los salarios pero no los beneficios, que quieren prosperar a costa del sudor de los trabajadores, etc.

Algún lector podría aducir que el liberalismo reclama también menores salarios y despido gratis, pero no es así: el liberalismo dice que los salarios no deben ser bajos ni altos sino libres, y las condiciones de contratación y despido no deben ser tampoco baratas ni caras sino libres. No es lo mismo un despido gratis que uno libre.

En fin, ahora se ve que los liberales no somos más que una minoría de raros que defiende la libertad. Y se ve que sus defensores meramente oportunistas o circunstanciales pueden convertirse en sus enemigos.

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