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La cosa está clara, por supuesto: más dinero a las ONG, más impuestos y menos prosperidad.
    
Los directores de Amnistía Internacional, Greenpeace y Oxfam han descubierto la solución para la pobreza: darles más dinero ajeno ¡a ellos! Sostienen que aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo es “imprescindible”. Lo que no les pareció imprescindible es denunciar la corrupción e ineficacia de esa ayuda. Ningún país pobre dejó de serlo por ninguna redistribución. Pero ese tipo de reflexión es, por supuesto, prescindible.
    
También cabría prescindir de las consignas de Rodolfo Benito y otros tres miembros de la Ejecutiva de CC OO, que hicieron bueno a su archirrival Fidalgo al escribir un bochornoso artículo y afirmar: “reclamamos políticas fiscales socialmente justas y redistributivas”. No se ve por qué es justo quitarles el dinero a los ciudadanos, pero a estos señores les basta con apuntar al “Estado Social todavía inconcluso”. Es decir, todavía conservan dichos ciudadanos algo del fruto de su propio trabajo, lo que es, por supuesto, intolerable.
    
Y no tolera matices el catedrático José Vidal-Beneyto, que proclamó sin ambages: “cuanta más riqueza producimos, más pobres generamos”. Dijo que esto se deriva de los escritos de Amartya Sen. No lo creo capaz de semejante disparate. A Sen, por supuesto.
 

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