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Carlos Rodríguez Braun

Público y privado

Ningún país comunista ha mejorado significativamente las condiciones de vida de sus súbditos con respecto a los países que admiten la odiosa plusvalía capitalista. No es en absoluto evidente que el beneficio empresarial "salga caro".

Carlos Rodríguez Braun
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El diputado de Izquierda Unida, Fausto Fernández, afirmó: "Cuando se gestiona desde la inversión privada, sale más caro, porque debe haber beneficio empresarial". Elvira Lindo, por su parte, reclamó "la radio pública, de todos".

La lógica de don Fausto, la vieja idea de que la ganancia capitalista es un coste que encarece los bienes y servicios, es un camelo. Si tuviera razón, la forma más barata de organizar la economía sería suprimir el beneficio empresarial, porque "sale más caro". Una sociedad sin empresarios, una sociedad socialista, sería un ejemplo de eficiencia y baratura. Noventa años de experiencia, empero, prueban lo contrario. Dejando de lado lo más importante del comunismo, que es su patología letal a la hora de asesinar a millones de trabajadores, y limitándonos sólo al relativamente menos importante aspecto económico, resulta que la supresión del asqueroso beneficio empresarial no ha incrementado el bienestar del pueblo, sino al contrario: ningún país comunista ha mejorado significativamente las condiciones de vida de sus súbditos con respecto a los países que admiten la odiosa plusvalía capitalista. No es en absoluto evidente que el beneficio empresarial "salga caro". Más bien lo que sale caro es su ausencia.

Doña Elvira Lindo ha probado en otras ocasiones tener un espíritu liberal; por ejemplo, ha apoyado el libre comercio en el mundo. También exhibe ese espíritu en el caso de los medios llamados públicos, porque reconoce que los políticos los manipulan, y censura además el que estén lastrados por "la desidia laboral". Y, sin embargo, tiene nostalgia de la radio pública "de todos".

Aquí puede haber una doble confusión. Una es el peso que los medios públicos tuvieron en el pasado, y que resulta patente en la televisión. Tenemos nostalgia de la televisión pública, ¡porque no había otra!

La segunda confusión estriba en el peso colectivista de la retórica, que sugiere que lo privado es maligno y egoísta, mientras que lo público en bueno y generoso. Si hay un aspecto en donde resulta notoria su falsedad es en los medios de comunicación. En efecto, dado su carácter abierto, no es para nada evidente que las radios públicas sean "de todos", y que en cambio una fuerza perversa impida a todos escuchar las radios privadas. Por tanto, la diferencia entre la radio pública y la privada no es que la radio pública sea "de todos" sino que el poder político obliga a todos a pagarla.

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