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Doña Presentación Urán, diputada de IU, expresó a la perfección dos grandes patrañas del pensamiento único, la ideología de los derechos sociales y la idolatría del poder político.

Habló esta distinguida líder de “el derecho irrenunciable a tener un piso… un derecho constitucional de primer orden”. Esto es una trampa letal, y por eso los comunistas han jaleado siempre los derechos humanos entendidos, como lo hace doña Presentación, como exigencias al poder político para que coaccione a los ciudadanos. Después de todo, se trata de “un derecho constitucional de primer orden”, con lo cual todos los demás derechos quedan subordinados, por ejemplo, el derecho de los trabajadores a la propiedad del fruto de su trabajo, que deberá ser masacrado para que doña Presentación –¿quién si no?– pueda garantizar el irrenunciable derecho a la vivienda.

Pero dijo también algo más. Proclamó: “Izquierda Unida defiende en su programa una serie de propuestas alcanzables a través de la simple voluntad política”. Me resulta difícil criticar el totalitarismo de esta idea mejor que como lo hace la propia doña Presentación. Es decir, aquí se trata de querer, de que el poder quiera hacer las cosas, de que quiera, inevitablemente, recortar las libertades y los bienes de sus súbditos para que los políticos acometan sus “propuestas alcanzables”. Esto es lo “simple”. Lo otro, o sea, la libertad de los trabajadores, es algo que a doña Presentación nunca le ha cabido en la cabeza.

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