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Carlos Rodríguez Braun

Recaderos y amigos

Argumentar que el Smiley de la Moncloa que sube los impuestos respeta los mercados, es decir, a las mujeres y los hombres libres, es un absurdo, porque más bien parece claro que hace lo contrario.

Carlos Rodríguez Braun
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El líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, afirmó que PP y PSOE son "neoliberales" y amigos del capitalismo. En el caso particular de Rodríguez Zapatero, añadió Lara que es un "recadero de los mercados" y del "neoliberalismo que ha provocado la crisis". El escritor Manuel Cruz lamentó las críticas contra los sindicatos, cuando han asumido "la defensa de los intereses de los trabajadores frente a sectores que están dando sobradas pruebas de una avidez y una codicia sin límites".

La similitud entre derecha e izquierda pasa por lo contrario de lo que Cayo Lara denuncia: por el antiliberalismo. Si hay algo que une a PP y PSOE es la defensa del estado del bienestar, no de la libertad. Argumentar que el Smiley de la Moncloa que sube los impuestos respeta los mercados, es decir, a las mujeres y los hombres libres, es un absurdo, porque más bien parece claro que hace lo contrario, igual que parece claro que la crisis está asociada al intervencionismo de las autoridades, en particular las monetarias, y no a la libertad. Si los gobiernos de toda condición están ahora reduciendo el gasto público, lo que pone de los nervios a don Cayo, eso no se debe a ninguna presión de "los mercados", sino a que esos mismos gobiernos emprendieron antes políticas expansivas contradictorias e insostenibles.

Insostenibles son también los argumentos del señor Cruz, porque no es patente que los sindicatos defiendan a los trabajadores, dado que sus recomendaciones intervencionistas de política económica perjudican a los más débiles, en particular a los parados. Cabría alegar que defienden a los trabajadores con empleo fijo, en especial los del sector público, pero no a toda la población activa.

Don Manuel concluyó evocando una sentencia de El Roto: "puede que no haya derecha e izquierda, pero sigue habiendo arriba y abajo". Aplaudir a los sindicatos con esta idea resultó revelador, hablando de abajo, porque hace poco tiempo millones de trabajadores quisieron ir abajo a usar el Metro de Madrid y se encontraron con que unos sindicalistas matones y privilegiados habían decidido, como es habitual, fastidiar a los más humildes. ¿Dónde está la avidez y la codicia sin límites?

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