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Si usted protesta por los impuestos, es porque está recibiendo menos de lo que paga, y por tanto es culpable de ser un “privilegiado”, y será “mentalizado” para que pague más

Carlos Rodríguez Braun
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Supongo que ha sido por el referéndum, pero mi cuaderno de notas rebosa de tonterías económicas.
 
Titular de El Mundo: “Sin impuestos no hay ciudadanos”. El abogado Félix Bornstein lamenta que las competencias fiscales de Europa permanezcan en los estados, “no existen tributos europeos”, se quejó, y tales tributos son imprescindibles para pasar de “un club de consumidores” a “una comunidad política de ciudadanos europeos”. Así resumen estos progresistas europeístas la ciudadanía: es la obligación de pagar.
 
José Vidal-Beneyto habla en El País del beneficio que desemboca en que se “ha borrado la frontera entre la vida económica legal y delictiva”. Y la “prueba” de semejante disparate son los lugares que más odian los progresistas: los paraísos fiscales, sobre los que escriben largos e indignados artículos donde no dicen ni una palabra sobre los impuestos, como si los paraísos fiscales sólo fueran producto del crimen ¡y no de la fiscalidad!
 
Declara la ministra de Sanidad, Elena Salgado: “El ciudadano está acostumbrado a comparar lo que paga de impuestos con lo que recibe, pero esa es una actitud propia de los sectores más privilegiados de la sociedad, a los que hay que mentalizar que paguen más impuestos”. Pensé en el fascismo: si usted protesta, entonces es que es judío, y por tanto culpable. Si usted protesta por los impuestos, es porque está recibiendo menos de lo que paga, y por tanto es culpable de ser un “privilegiado”, y será “mentalizado” para que pague más. En beneficio de la “justicia social”, claro que sí.
 
Esto es tan siniestro que casi alivian los mentecatos. Según El País, el italiano Gianni Vattimo es un “pensador” y un “torrente de ideas”. Arrebatado en ese torrente, aseguró que Marx tenía razón: “cada vez hay menos ricos y más pobres”. Y se quedó tan ancho.
 
Un personaje de Forges dice: “Nada, no se entiende: aquí ofrecen algo, pero no se sabe si es un puesto de trabajo o un tormento”. Esto es típico de los progresistas, es el estilo de Los lunes al sol, conforme al cual el trabajo o no existe o es degradante. Por supuesto, siempre es el trabajo de los demás, porque los arrogantes intelectuales y artistas nunca piensan eso de su propio trabajo.
 
Tampoco se quedaron cortos del otro lado del mar. El escritor argentino Osvaldo Bayer desbarró así en el diario porteño Página 12: “¿Qué pasa en el sistema del liberalismo económico para que el país de mejor panorama en Europa, Alemania, haya superado los 5 millones de desocupados?”. O sea que suben espectacularmente los impuestos y el gasto público, el intervencionismo y las regulaciones, y a don Osvaldo le parece que eso es “el sistema del liberalismo económico”.
 
Qué semana, Señor.

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